jueves, 3 de marzo de 2016

Transcripción del discurso de Pablo Iglesias durante el debate de investidura

Pablo Iglesias durante el debate de investidura
Pablo Iglesias en la tribuna del Congreso
Para quien no lo haya podido escuchar, ahí va:

“Buenos días, bos días , egun on, bon día.
Señores diputados, quiero dirigirme a ustedes pero sobre todo a la gente que sigue este debate por los medios de comunicación. Al fin y al cabo estamos aquí por la gente y para la gente.
Señorías, la primera vez que tomo la palabra en esta tribuna democrática. Permítanme que comience mi intervención recordando y reconociendo a quienes lucharon por la libertad y la justicia social, a los millones de españoles que se enfrentaron a la dictadura muchos pagándolo con su vida o con la cárcel. Muchísimas gracias. Gracias por ser un ejemplo para nosotros y para las generaciones futuras.
Y en el día de hoy me van a permitir que homenajee la memoria de Salvador Puig Antich, asesinado por la dictadura hace 42 años, me van a permitir también que homenajee la memoria de los trabajadores de Vitoria, asesinados hace 40 años por defender los derechos sociales de todos.
Señor Sánchez, hoy debatimos aquí el intento de investidura que usted quiso simbolizar firmando un pacto que tuvo como testigo El Abrazo de Juan Genovés. Le recuerdo que aquel cuadro sirvió primero para representar la amnistía a los presos políticos de la dictadura y después para homenajear a los abogados laboralistas de Atocha asesinados por defender a la clase obrera.
A la vista de los contenidos de su pacto, señor Sánchez, creo que usted debería haber buscado otro cuadro. Las lanzas de Velázquez hubiera sido mucho mejor puestos a simbolizar una capitulación.
Señorías, decir la verdad y tener principios se ha convertido en algo extraño y parece que hoy la política es el arte de la simulación, cuando no el arte de la mentira y el camuflaje, o del mestizaje.
Permítanme que hoy diga la verdad y reivindique la política como el arte de cambiar las cosas y no como el arte de pactar para que todo siga igual.
Se lo debo a los más de cinco millones de ciudadanos que nos votaron y también a todos los demás.
La política, señorías, no es el arte del engaño, ni del disfraz, ni la fabricación de cocteles con distintos sabores. Es el arte de transformar la realidad, y consiste en encontrar el eslabón más importante de la cadena del poder, ese que asegura el control del conjunto de la cadena.
Durante mucho tiempo ese eslabón fue el gobierno del Estado. Hoy día muchos dirán y no sin buenas razones que los eslabones determinantes de la cadena del poder escapan a los controles democráticos. Los poderes fácticos, especialmente los financieros, no están obligados nunca a rendir cuentas a los ciudadanos. En estas últimas semanas, hemos visto a esos poderes fácticos señalar continuamente qué gobierno le conviene a España, diciendo sin pudor que a España le convenía una gran coalición entre Partido Popular, Ciudadanos y Partido Socialista, y alertando sobre el peligro de la participación de Podemos en un gobierno
Hoy, en este debate, señorías, asistimos a la primea entrega del plan de las oligarquías que temen y odian la posibilidad de un cambio político verdadero en España. Nosotros no somos ingenuos, señorías, somos conscientes de los límites de la transformación en la acción política de cualquier gobierno. Somos conscientes de que la soberanía se ha desplazado de los Estados a instancias supranacionales, sabemos que la arquitectura de la globalización humilla cada día la soberanía popular y restringe el desarrollo de las bases ideológicas de la modernidad: la igualdad, la fraternidad y la libertad. Cada vez que se dice que la desigualdad, la corrupción y la desregulación financiera son como la ley de la gravedad, se está atacando el significado mismo de la palabra democracia. Las sonrisas cínicas de algunos de ustedes constatan la hipocresía de su conformismo político. Están ustedes seguros de que no se puede cambiar nada. Saben que hay corrupción, explotación y precariedad, pero denuncian cualquier intento de cambiar las cosas como peligroso, inaceptable y sobre todo imposible Sin embargo, en estas semanas, nosotras y nosotros hemos aprendido algo: si tan preocupadas están las oligarquías por mantener el gobierno en manos de sus títeres, será que el gobierno sí que es realmente importante.
Señorías, llegamos a este Parlamento empujados por la ilusión que se abrió pasado como la piedra que David lanzó a Goliat son su onda, convirtiendo en proyecto político un sencillo mensaje que lanzó la gente en las plazas: “Sí se puede”. El 15M señaló con cientos de miles de voces las injusticias y los anhelos por un futuro mejor. Las viejas maquinarias partidistas respondieron entonces con arrogancia, diciendo a la gente de las plazas que se presentaran a las elecciones. Pues aquí estamos, nuestra presencia aquí hoy demuestra que aquel movimiento lo cambió todo. Nadie puede representar un movimiento pero para nosotros es un orgullo que muchos de los que no hace tanto tiempo se manifestaban a las puertas de este Parlamento estén hoy aquí trabajando para cambiar las cosas.
A las posibilidades de cambio, señores del Partido Popular, se han referido ustedes agitando el fantasma del totalitarismo. Han dicho ustedes, efectivamente nosotros somos el coco, verdad señor Margallo, que nosotros queremos destruir la democracia, y que seguramente como decía usted señor ministro del Interior, la ETA estaría muy contenta de que nosotros gobernáramos en España. Pues permítame que les recuerde que algunos de ustedes son hijos políticos del totalitarismo en este país. Tengo respeto por usted señor Rajoy y no voy a faltárselo, pero permítame recordarle que su partido, el partido que ha hecho de la corrupción y la injusticia una forma de gobierno, por eso el Partido Popular señor Sánchez sí es un partido corrupto, fue fundado por siete ministros de la dictadura. Ustedes siempre han sido arrogantes con los débiles y serviles con los poderosos. Y ustedes son los principales responsables de que la corrupción y la injusticia se hayan convertido en la mayor vergüenza de España. Ustedes, señor Rajoy, son los convidados de piedra en esta investidura. Ni el programa ni los partidos que le impulsan representan para ustedes ningún problema, como se han hartado de decir en estos meses y como ha repetido hoy usted aquí.
Hoy para ustedes solo hay un problema de nombres, basta con que se pongan ustedes tres de acuerdo con respecto a quién debe ser el presidente del Gobierno. Le hago una pregunta señor Rajoy: ¿tienen ustedes a un Mario Monti guardado en el armario?
Señor Rivera, le tengo a usted por un político hábil y como tal le admiro. Sospecho que ha leído usted más a Lakoff que a Maquiavelo pero tiene usted virtudes de ambos. Le reconozco a usted que sabe dominar a la fortuna. Si hay un triunfador el día de hoy ese es usted, señor Rivera, a costa del señor Sánchez. Pero permítame que le haga una consideración: Usted representa la peor de las tradiciones políticas españolas, la que no tiene más ideología que su cercanía con el poder. Usted, señor Rivera, hubiera sido líder del Komsomol en la Unión Soviética y jefe de escuadra en nuestra posguerra, y hoy es usted el líder natural de lo que el presidente de un banco llamó el Podemos de derechas, y no tanto porque usted sea de derechas, sino porque usted es de los que manda, señor Rivera.
Señor Rivera, el político que no tiene más bandera que su cercanía con los poderosos puede terminar por convertirse en marioneta de los poderosos. Lea usted El Príncipe señor Rivera, le provocará regocijo reconocerse en algunas de las astucias que recomienda el gran secretario Florentino. Quizás, si lo lee usted, además de a Suárez empiece usted a admirar a César Borgia. Eso sí, llegue usted hasta el último capítulo del libro. Para ser César Borgia no basta ser astuto, además hay que ser valiente, señor Rivera.
Tengo un enorme respeto por las siglas que usted representa, señor Sánchez, son las siglas que fundó un socialista ejemplar. Un socialista con principios, son las siglas que representaron hombres y mujeres de talento y dignidad irrepetibles, como Margarita Nelken, como Indalecio Prieto o como Juan Negrín. Son las siglas del partido de mi abuelo, socialista de una época en la que ser socialista llevaba antes a la cárcel y al pelotón de fusilamiento que a los consejos de administración de las grandes empresas.
El suyo fue también, señor Sánchez, el partido de la ilusión, del cambio, y de la modernización y contó, y cuenta hoy también, con mujeres y hombres de gran valía con los que nos encantaría poder trabajar. Pero su partido fue también el partido del enriquecimiento rápido. Recuerda usted, señor Sánchez, cuando Solchaga decía que España era el país en el que más fácil era hacerse rico. Su partido fue también el partido del crimen de Estado. Desconfíe señor Sánchez de los consejos de aquellos que tienen manchado su pasado de cal viva, desconfíe señor Sánchez. Y su partido fue durante mucho tiempo también el partido del tráfico de influencias que dio la espalda a los trabajadores españoles. Por eso, señor Sánchez, para gobernar con ustedes le exigimos, y le exigiremos, siempre garantías, para que no se repitan los errores del pasado.
Su partido, señor Sánchez, recibió el pasado día 20 el más duro veredicto de las urnas. El suyo fue con diferencia, el peor resultado jamás obtenido por un candidato del Partido Socialista a la presidencia del gobierno, y sin embargo, eso que Maquiavelo llamaba fortuna y que el señor Rivera maneja mejor que usted, quiso darle la posibilidad de encabezar un gobierno histórico que acometiera en serio las reformas económicas para corregir la desigualdad y el empobrecimiento. Pero usted prefirió escuchar la voz de los poderosos que no pararon de decirle: “con Podemos no, antes cualquier cosa que un acuerdo de gobierno con Podemos”.
Ayer presentó usted un pacto a la medida de las oligarquías, sin tan siquiera un mínimo disimulo gatopardiano. Su alusión gastronómica de ayer, a propósito del mestizaje ideológico, fue una pobre forma de justificar su capitulación ante una fuerza política que usted ayer definía como las nuevas generaciones del Partido Popular.
Vamos a votar que no a su investidura, señor Sánchez, y le voy a explicar por qué. El pacto que presenta imposibilita revertir los efectos más duros de la crisis y consolida las principales políticas del Partido Popular. Quizás ello tenga que ver con los economistas que lo han negociado. Uno de ellos trabajó para Price Waterhouse Cooper. Creo que esta vez lo he pronunciado un poco mejor. Una firma especializada en asesorar sobre cómo privatizar, y el otro economista trabajó para Liberbank y para la fundación FAES. Si me acepta un consejo, señor Sánchez, la próxima vez, mande a un socialista a hablar de economía.
Ustedes apuestan, exactamente igual que el Partido Popular, por el cumplimiento dogmático del pacto de estabilidad y crecimiento de la Unión Europea. No se puede, señor Sánchez, hablar de Estado del Bienestar y mantener esa senda suicida de reducción del déficit público. Los trabajadores en precario, las mujeres con hijos y familiares a su cargo, los parados que no reciben ninguna prestación, las familias desahuciadas por los bancos, las abuelas y abuelos obligados a estirar su pensión para ayudar a sus familias son las víctimas del dogmatismo económico neoliberal que debemos superar. No me sorprende el conformismo neoliberal en Ciudadanos para quien la palabra liberal nada tiene que ver con el sentido que le dieron los revolucionarios españoles hace 2 años. Para ellos la palabra liberal tiene que ver con defender a los privilegiados. Pero esperaba otra cosa de un socialista, señor Sánchez.
El sufrimiento de nuestra patria se mide con cifras: 18.000 millones de euros recortados a la educación por parte del Partido Popular. Y ustedes no pretenden revertir esos recortes. La marea blanca y la marea verde señalaron estos años el camino de la sensatez. No es aceptable que su propuesta no se plantee acabar de una vez por todas con el copago sanitario y eluda con circunloquios la imprescindible derogación, con esta palabra, de la LOMCE. Escuche usted a las mareas, señor Sánchez.
Permítame que me refiera a la vivienda. Para hablar de vivienda en España hay que reconocer que se han violado los derechos humanos, mediante desalojos forzosos sin alternativa habitacional y condenando a la gente a deudas perpetuas. Ustedes en su pacto no prohíben los desalojos forzosos sin alternativa habitacional y pretenden que la gente siga pagando después de entregar su vivienda.
Nosotros no somos ambiguos y proponemos las cinco de la PAH: dación en pago retroactiva, señor Sánchez, alquileres asequibles, fin de los desahucios sin alternativa habitacional, fin del acaparamiento de las viviendas vacías por grandes especuladores y garantía de suministros para acabar con los cortes de luz, de agua, y de gas, que son también derechos humanos. Quiero desde esta tribuna rendir homenaje a aquellos que se juegan su libertad y su integridad física por defender el derecho a la vivienda. Muchas gracias.
En materia laboral, señor Sánchez, su pacto no defiende a los trabajadores, nada sorprendente en el caso de Ciudadanos pero sí en un partido que se dice socialista. Han dejado ustedes abierta la puerta al abaratamiento del despido en tanto que su pacto no especifica si el trabajador costeará o no, le hago una pregunta, el llamado fondo austriaco que propone para financiar el despido. Mantienen ustedes la reducción en las indemnizaciones por despido de la reforma laboral de 2012, que usted dice aquí que quiere derogar. Su pacto mantiene la ampliación de las causas del despido objetivo, la supresión de la autorización administrativa previa a las regulaciones de empleo, las facilidades para descolgarse unilateralmente de los convenios colectivos, así como la eliminación del control sobre las horas extraordinarias en los contratos a tiempo parcial. Con la nueva figura contractual que ustedes pretenden llevar a cabo, los contratos temporales ya no necesitarán motivación alguna y podrán utilizarse para puestos indefinidos. Lo que están haciendo ustedes, señor Sánchez, es dar carta de naturaleza al fraude y favorecer la precariedad. De seguir así, cediendo a la presión naranja, no se extrañe si cualquier día los trabajadores le exigen que entregue la S y la O de sus siglas, señor Sánchez.
Señor Sánchez, por justicia y por eficacia, nuestra propuesta es clara y sin ambigüedades. Hay que derogar las dos últimas reformas laborales y defender el empleo de calidad.
En materia tributaria, su capitulación frente a la naranja mecánica es sonrojante. Mantienen ustedes la reforma fiscal aprobada por el Partido Popular en 2015, renunciando a reformar la suficiencia y progresividad de nuestro sistema. Dicen ustedes querer reformar el impuesto de sociedades con el objetivo de acercar los tipos efectivos a los tipos nominales, y eso está bien, pero desde el momento en que su socio les impone retirar la tributación mínima del 15 por ciento para las grandes corporaciones empresariales, su reforma del impuesto de sociedades se queda en nada. Señor Sánchez, nosotros no somos ambiguos en nuestra propuesta. España necesita una reforma fiscal que garantice la solidaridad de las rentas más altas y que asegure ingresos suficientes para invertir en la gente.
En materia de pensiones su pacto resulta también decepcionante. En noviembre de 2013, ustedes criticaron la reforma de las pensiones del Partido Popular y dijeron, con toda la razón, que era injusta y que empobrecía a los pensionistas. El pacto que nos presentan hoy no modifica aquella reforma de las pensiones que redujo el poder adquisitivo de los pensionistas.
En lo que se refiere a la política exterior, su pacto es un compendio de vaguedades y especialmente en lo que toca a Europa. De nada sirve enumerar vagamente principios cuando no se traducen en políticas reales. La realidad es que Europa está al borde de un abismo social y, señor Sánchez, créame, no caben medias tintas al respecto. Hace diez días el gobierno en funciones dio un ok vergonzoso al chantaje que impuso David Cameron a la Unión Europea. Yo estuve en la sesión de la comisión de Exteriores, y escuché al representante socialista criticar el acuerdo, decir que era un atropello jurídico, una amenaza al proyecto europeo, un precedente irreversible que ponía en riesgo la cohesión del proyecto de Europa… La crítica era razonable pero después, ¿qué hicieron ustedes? Lo de siempre, no se opusieron al acuerdo. Esa misma actitud mantienen ustedes frente al TTIP que supone una amenaza a los derechos sociales, ambientales y a la soberanía popular. Ustedes critican algunos aspectos de ese tratado, pero a la hora de la hora, ustedes lo votaron con el Partido Popular en el Parlamento Europeo. Yo estuve allí.
Nosotros, señor Sánchez, no somos ambiguos en nuestra propuesta. Hace falta un gobierno que defienda el proyecto europeo, pero no ese casino financiero en el que los pueblos pagan la factura de la fiesta de los banqueros.
En materia de política de asilo y refugio su pacto incluye de nuevo muchas generalidades y pocas garantías. No se puede ser tan ambiguo señor Sánchez. Hay que exigir la reforma del reglamento de la ley de asilo de 2009 para que se pueda solicitar asilo diplomático en embajadas y consulados de terceros países. Eso evitaría imágenes vergonzosas como la de un niño muerto en la playa.
Señor Sánchez, es imprescindible restablecer la legalidad en la frontera sur, poner fin a las devoluciones en caliente y eliminar las concertinas. No está eso en su pacto, es lamentable que se hayan olvidado de ello.
En su discurso de ayer se olvidó usted de los profesionales de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. En esta Cámara algunos se han llenado la boca hablando de España, mientras concedían medallas a las vírgenes en lugar de a los agentes que trabajan en la calle. Muchos de ellos tienen que pagarse con su dinero los chalecos antibalas, por falta presupuesto, y a los agentes de la guardia civil se les sigue negando el derecho a la sindicación. Hace falta un gobierno que defienda los derechos de quienes nos protegen.
En política energética hay algunos buenos propósitos, pero sin garantías ni concreciones de cumplimiento. También hay incoherencia. Ayer habló usted, señor Sánchez, de cerrar las centrales nucleares que cumplan 40 años de vida útil. Señor Sánchez, ninguna central nuclear en funcionamiento en España va a cumplir 40 años de vida útil en esta legislatura. No nos tome el pelo usted, señor Sánchez. Lo más grave de su pacto, en lo que se refiere al mercado eléctrico, es que no habla de terminar con los beneficios caídos del cielo de las eléctricas y las nucleares, ni se aborda el sistema de fijación de precios. El sistema eléctrico requiere auditoría completa, no sólo de los costes regulados, también de los costes de generación, distribución y de la deuda asociada al déficit de tarifa. Nosotros no somos ambiguos. En nuestra propuesta hay que acabar con los miles de millones de euros de sobre retribuciones injustificables que recibe el oligopolio eléctrico y que encarecen la factura de la luz que tienen que pagar todos los ciudadanos. Que no toquen, siquiera de refilón, estos temas dice mucho de su sumisión reverencial al oligopolio de las eléctricas. Querría detenerme en más aspectos de su pacto pero, como es lógico, los tiempos reglamentan este debate, los limitan, y está bien que sea así. Mis compañeros de En Comú Podem y En Marea ampliarán ahora nuestro análisis de su pacto.
Señor Sánchez, con todo el respeto, le voy a pedir que nos comprenda. Llegamos a este Parlamento diciendo a la gente que no olvidara, que no olvidara los desahucios, que no olvidara la corrupción, que no olvidara la privatización de la Sanidad, que no olvidara el 135 y que no olvidara las reformas laborales, las dos. Yo no traiciono a mi gente, señor Sánchez. Quizá pueda reprocharme usted la firmeza o no respetar mucho los protocolos y la etiqueta. Una vez dijo usted que yo no tenía pinta de no sé qué, pero nunca podrá usted reprocharme, señor Sánchez, no haber sido claro y sincero con usted desde el principio. En el engaño nada florece, en la verdad todo es posible.
Señor Sánchez, desde el principio le dijimos que tenía dos opciones sobre la mesa: o la gran coalición o un gobierno progresista. Ese gobierno progresista hubiera podido lograr, se lo aseguro, los apoyos parlamentarios necesarios. No la semana que viene, como decían Tip y Coll y como repitió usted ayer. Me da la impresión de que su discurso pasará a la historia por eso, el discurso de la semana que viene. Hoy, señor Sánchez, hoy podríamos tener ya un gobierno si usted hubiera optado por formarlo con nosotros.
Señor Sánchez le voy a decir la verdad. Lo que nos ha traído usted aquí, quizás sin percatarse del todo, es la primera entrega del plan de la gran coalición. Ha firmado usted un acuerdo en lo programático que no pone dificultades al PP. No lo digo yo, lo dice su socio, el señor Rivera. Cuídese de la naranja mecánica, señor Sánchez. Ha elegido un socio muy hábil que no dudará en entregarle al PP en cuanto tenga ocasión. Después de que fracase usted hoy y el viernes, los mismos que le prohibieron pactar con nosotros querrán obligarle a tragar la segunda entrega del plan de las oligarquías: incluir al PP en el acuerdo. Es el plan del Ibex 35, es el plan de algunas de las viejas glorias de su partido, y le aseguro que en esa segunda entrega el plan no es que usted esté al frente de ese gobierno. Pero usted puede aún rectificar, usted puede aún ser presidente del Gobierno y estar a la altura de las siglas de su partido. Hoy le vuelvo a tender la mano, señor Sánchez, para pedirle que tras este fracaso negocie con nosotros desde la fraternidad y en interés de las gentes y los pueblos de España. Negocie con nosotros un programa y un gobierno de cambio real. Los números dan y usted lo sabe. Un gobierno con nosotros, con IU con Compromís obtendría más votos favorables que negativos en la Cámara. No vete usted abstenciones y acabe usted con las líneas rojas. Deje de obedecer a los oligarcas, señor Sánchez, deje de escuchar los cantos de sirena que le llevan al naufragio.
Sabe usted que somos firmes y siempre le hemos mirado a usted y su partido de igual a igual. El pasado fin de semana estuve repasando debates de investidura de las últimas décadas. Reconozco que me indignó comprobar la displicencia y arrogancia con la que los representantes de su partido se dirigían a hombres justos como Gerardo Iglesias, como Julio Anguita o como José Antonio Labordeta. Aquellos hombres justos intervenían desde esta tribuna cargados de razones, pero quizás con pocos escaños. Hoy las cosas han cambiado y si de algo se nos puede acusar es de haberles tratado a ustedes de igual a igual. No hay en nuestra dignidad ni en nuestra firmeza ningún ánimo de revancha. Le aseguro que nuestra lealtad será igual de firme si rectifican ustedes y se ponen de acuerdo con nosotros. Pero entienda que el tiempo del turno bipartidista se terminó en España. Rectifique usted y trátenos como un socio con el que se comparten decisiones y responsabilidades. No vuelva a tratar de engañarnos, señor Sánchez.
Le voy a ser sincero y voy terminando ya. Si rectifica usted y gobernamos juntos, nuestra acción nos creará enemigos, pero no debe importarnos. Merecer el odio de los que envenenan al pueblo deberá ser para nosotros una honra. La frase no es mía, señor Sánchez, es de Pablo Iglesias, fundador de su partido.
A veces el verdadero cambio es volver al principio, a los principios, señor Sánchez. Permítame que termine con las palabras de un emigrante mexicano que trabajó en el Corte Inglés y que decía que gobernar es mandar obedeciendo a la gente. En el engaño nada florece, en la verdad todo es posible. Libertad, justicia, democracia. Muchas gracias.”

¡Ay, Carmena! ¡La que estás liando!

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Cambiando de tema, aunque el tema es candente y hace mucho tiempo que está ahí, el inclemente, duro y frío invierno hace mucho tiempo que llegó, señor Jean-Claude Juncker, presidente de la CE, y es duro de verdad para los que recorren como pueden los campos Europa, y sus palabras de tahúr, a estas alturas, resuenan pomposas, grandilocuentes, infladas, afectadas, hipócritas, engañosas, falsas, tramposas, insensibles, vacías, huecas y febles, mientras la ineptitud y dejación de funciones de su política europea, entre cuyas transcendentales obligaciones está el vinculante cumplimiento, desde 2009, de la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE que, en su artículo 18 sobre el Derecho de Asilo reza: “Se garantiza el derecho de asilo dentro del  respeto de las normas de la Convención de Ginebra de 28 de julio de 1951 y del Protocolo de 31 de enero de 1967 sobre el Estatuto de los Refugiados y de conformidad con el Tratado constitutivo de la Comunidad  Europea”. Mientras, su desidia continúa azotando a miles y miles de refugiados, niños, jóvenes, adultos y ancianos que viven un innecesario y trágico calvario por los barrizales y costas de Europa que muchas veces acaba trocando su anhelo de paz por la lóbrega y fría tumba. Gobernantes de Europa: Asuman sus responsabilidades o que todas estas víctimas inocentes, incluidas las pequeñas vidas truncadas, atormenten sus adineradas pero pobres conciencias.
Me reitero en dos certidumbres:
• Nadie deja atrás sus raíces, su familia, sus amigos, su país, la tierra que le vio nacer, porque sí.
• Usted, señor Jean-Claude Juncker, usted que me lee en este preciso momento, y yo, haríamos lo mismo que ellos en idénticas circunstancias: buscar lo mejor para nuestra familia.
¡Qué monumental deshonra para esta vieja, acomodada e hipócrita Europa!

1 comentario:

  1. Para quienes deseen contrastar:
    http://www.abc.es/opinion/abci-izquierda-papanatas-201602150429_noticia.html

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