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| Madrid: el destrozo de lo público |
El argumento de que la Comunidad de Madrid no firma nuevos acuerdos con Quirón es falaz. Desde 2010 existe un flujo constante de prórrogas, convenios y derivaciones que mantienen vivo este vínculo. Pero lo más grave no es la mentira, sino las consecuencias de este modelo sobre las arcas públicas.
La coincidencia temporal entre la actividad de este grupo sanitario y el entorno de la presidencia regional es alarmante. Mientras la facturación del Gobierno autonómico con Quirón se duplicó entre 2021 y 2023 hasta alcanzar los 3.192 millones de euros, González Amador, pareja de la presidenta Ayuso, ingresó 4,4 millones de euros de Quirón Prevención. Las investigaciones de la Agencia Tributaria y de la UCO apuntan a que estos cobros se realizaron a través de sociedades instrumentales sin la infraestructura ni el personal necesarios para prestar servicios reales.
La pregunta es inevitable: ¿de dónde salen esos 4,4 millones de la pareja de Ayuso? ¿De dónde salen los beneficios que se reparten los accionistas de Quirón? La respuesta es sencilla: del dinero público que debería reforzar hospitales, contratar profesionales y reducir listas de espera.
Es un trasvase descarnado de recursos que debilita el sistema de salud de todos. Se vacía lo común para facturar: el Estado asume el coste y la empresa el beneficio neto. Listas eternas y plantillas exhaustas son la coartada para vender el sistema al mercado en Madrid, la Comunidad que menos invierte en salud (y educación) per cápita.


















