jueves, 9 de abril de 2026

Domingo rojo en Madrid: júbilo y pistolas

 

La dictadura no quería dar paso a la democracia
La dictadura no quería dar paso a la democracia

Hace 49 años, la noche del 9 de abril de 1977, mi amigo Miguel y yo –mochileros– volvimos a dedo a Madrid desde Alicante. En el trayecto enlazamos coches con conductores dispares: un guardia civil retirado, un piloto de motocross, un hippie al que pagamos la gasolina de su Citroën dos caballos… Al llegar a la madrileña Plaza de España, el paisaje era irreal: la Gran Vía era un río de coches con banderas rojas. «O lo han legalizado o ha pasado algo», dijo mi tocayo. Era lo primero: Adolfo Suárez acababa de sacar al PCE de la clandestinidad. La ciudad era un estallido de alegría contenida.
Al día siguiente, la fiesta continuaba. Caminé solo hacia Princesa. Contagiado por el claxon de los coches y el flamear de las banderas, tanto tiempo heridas, saludé con el puño en alto y una sonrisa. Mi gesto de júbilo atrajo a un esbirro. Un hombre en la cincuentena comenzó a calcar mis pasos. Apreté el ritmo, pero él mantenía la distancia, como el cazador que sabe que su presa no tiene escapatoria. Al llegar a la fuente de la Plaza de España –entonces junto a Princesa– me senté, fingiendo calma. Él, con decisión, pasó por delante. Lo seguí con el rabillo del ojo. Dio un rodeo y, “pisando el césped, entonces prohibido”, se situó a mi espalda.
Se me erizó el vello de la nuca y me giré. Estaba a un par de metros, llevándose la mano derecha a la sobaquera izquierda. No aguardé a ver la pistola. Corrí sin rumbo hasta perderme entre la gente. Cuando me detuve, ya no lo vi.
Regresé a casa mirando hacia atrás, con el pulso en las sienes. En aquel momento fui más consciente de que la libertad recién estrenada vendría escoltada por el terror de quienes ansiaban la involución.

miércoles, 8 de abril de 2026

ETA: el refugio de los mediocres

 

ETA: comodín de los ineptos
ETA: comodín de los ineptos

Las derechas son incapaces de hacer política sin invocar a ETA. No por memoria, sino por insolvencia. Catorce años después de su derrota a manos de los demócratas, siguen desenterrando su sombra con una insistencia obscena. No es justicia; es necrofagia política.
Utilizar a la banda como comodín delata un discurso vacío. Cuando falta un proyecto de futuro y el programa se limita a proteger privilegios, se azuza el miedo y se llena el aire de insultos para ocultar carestía de ideas. Convertir el dolor en un eterno presente no es pedagogía; es manipulación emocional y una ofensa a las víctimas, a quienes reducen a figurantes de su propaganda.
El ciclo de la Comunidad de Madrid —«ETA es presente»— es el máximo exponente de esta irresponsabilidad. No buscan que los jóvenes universitarios aprendan historia, sino imponer un relato conveniente. Quien resucita a una banda muerta para ganar un debate demuestra que no tiene nada que ofrecer a los vivos. Basta de mercadear con las cenizas. Superar el terrorismo exige rigor democrático, no una dependencia enfermiza.

miércoles, 1 de abril de 2026

A remolque de Vox

El PP ha sido atrapado por Vox
El PP ha sido atrapado por Vox; en realidad, son la misma cosa

 Vox ya no es el rival del PP; es su laboratorio ideológico. Ante cada proclama incendiaria de Abascal —el ataque a RTVE es el último síntoma—, Génova no confronta, sino que aguarda. Ese silencio no es neutral: es el tiempo de incubación para que el marco ultra acabe inoculado en el discurso oficial del PP.
No es un descuido; es una claudicación estratégica. Vox desplaza el péndulo de lo aceptable y radicaliza el debate público mientras el PP, lejos de actuar como dique de contención democrático, ejerce de notario de un nuevo consenso reaccionario donde se siente más cómodo. Lo certifican la erosión de la memoria histórica, el negacionismo climático, la violencia de género y una gestión de la inmigración en pactos autonómicos que normaliza discursos que, hace apenas un lustro, habrían invalidado a cualquier político de Estado.
El drama no es que el PP imite a Vox, sino su renuncia al liderazgo moderado por mero cálculo oportunista. Cuando la derecha tradicional se muda al extremo, arrastra consigo al sistema. Lo que se degrada no son solo unas siglas, sino el suelo común sobre el que se erige nuestra convivencia.

domingo, 29 de marzo de 2026

PP: del bloqueo táctico a la carencia programática

 

Feijóo anda dando tumbos de aquí para allá
Feijóo anda dando tumbos de aquí para allá

La actual estrategia del PP en el Congreso plantea un dilema sobre su papel como alternativa de Estado. El reciente episodio de los decretos anticrisis por la guerra de Irán ha evidenciado que la dirección de Génova prioriza el rédito electoral y la erosión parlamentaria sobre el contenido técnico de las normas. Al supeditar su voto a la aritmética de terceros —en este caso, los movimientos de Junts—, el PP incurre en una contradicción programática: se rechazan medidas que el propio partido había reclamado, como las rebajas del IVA en alimentos básicos.
Bajo la dirección de Feijóo y con Tellado como secretario general, la formación ha transitado del «sí» inicial –«bienvenidos a la fachosfera»–, pasando por el «no», a una abstención final cuando el «no» se mostró irrelevante, huérfana de una propuesta alternativa sólida. Esta deriva técnica sugiere que el objetivo no es mejorar la eficiencia de las políticas públicas, sino forzar la parálisis legislativa del Ejecutivo. Al convertir el Parlamento en un tablero de sabotaje táctico, se desdibuja el rigor técnico necesario para abordar la inflación. Una oposición que sacrifica la estabilidad económica por el impacto de un titular compromete su propia credibilidad como partido de gobierno.

jueves, 26 de marzo de 2026

PP: mugre verbal como programa

 

Feijóo está envenenado y no ve más allá
Feijóo está envenenado y no ve más allá

¿Por qué el PP se refugia en la infamia en lugar de explicar su proyecto? El último ejemplo lo firma Jaime de los Santos. Para trepar, el vicesecretario de Educación emula a Tellado y elige el lodazal frente al debate. Calificar a ministros de «poco aseados» no es un desliz; es una estrategia para deshumanizar al adversario. Una burla sobre el «aseo personal e intelectual» que solo retrata la catadura de quien la profiere frente a unos responsables públicos que, en cualquier caso, le dan mil vueltas en altura moral y preparación.
Este fango es un patrón. Este machirulo también atacó a Sarah Santaolalla, lanzó insinuaciones contra Pilar Alegría y acosó a las hijas de Zapatero. No es crítica; es ruido para ocultar un vacío de ideas preocupante. Cuando no se puede defender un programa de recortes y retrocesos, se recurre al insulto de clase, al bulo mezquino y al machismo rancio. A última hora, también se suma a esta bajeza Azcón.
Hay que señalar al responsable: Feijóo. Él ampara y promociona a quienes ejecutan este hostigamiento. Su silencio no es neutralidad; es complicidad necesaria. En democracia, la discrepancia exige argumentos. Quien solo ofrece insultos demuestra que su único proyecto es la destrucción del respeto institucional.

martes, 24 de marzo de 2026

Oro, espada y cruz: la mentira civilizadora

El revisionismo y la mentira como programa electoral
El revisionismo y la mentira como programa electoral

Enfrentar el revisionismo de Ayuso no es una batalla ideológica, sino un ejercicio de higiene histórico-mental frente a un pasado de expolio y sangre. Afirmar que «los de la cruz trajimos el orden» es una crueldad retórica que ignora la hoguera, el potro inquisitorial y la codicia.
Cortés no sembró paz: aniquiló Tenochtitlán. Pizarro no instauró justicia: secuestró, cobró el rescate en oro y ejecutó a Atahualpa en un acto de traición fundacional. ¿Y qué decir de la locura de Lope de Aguirre? Su rastro de sangre confirmó que el fin no era la fe, sino el dorado metal de esas tierras. Se calcula que el 90 % de la población originaria pereció bajo el peso de la brutalidad y los virus.
Llamar «orden» al saqueo sistemático y a la aniquilación cultural y personal es de un cinismo insoportable. Invocar el contexto para blanquear el horror es ignorar a contemporáneos, como De las Casas o Montesinos, que ya entonces denunciaron la infamia. No fue evangelización; fue una maquinaria de exterminio. Llamar civilización a la estela de cadáveres es, sencillamente, el último crimen.

domingo, 22 de marzo de 2026

El noble arte de marear al reloj

 

Pasan los años y seguimos abonados al cambio de hora franquista
Pasan los años y seguimos abonados al cambio de hora franquista

Cada primavera España practica un deporte atávico: mover el reloj una hora y fingir que el sol ha cambiado de opinión. El pobre astro despierta por el horizonte, mira a España, consulta el meridiano de Greenwich y suspira: «Otra vez estos adelantados». Es alucinante: en Finisterre amanece cuando en Berlín van por el segundo café, pero nuestros relojes insisten en que somos vecinos de rellano. La lógica geográfica sugiere compartir hora con Portugal, Reino Unido o Canarias, pero preferimos vivir como si estuviéramos dos husos más al este y llamarlo ahorro energético, que nadie ve, pero todos sufrimos. Cada seis meses repetimos el ritual de forzar el ritmo circadiano: niños zombis, abuelos desorientados y adultos con ojeras. Europa dijo en 2019 que ya bastaba, pero los burócratas debieron de perder el norte en algún despacho y aquí seguimos, descolocando al sol por decreto. Tal vez el día en que dejemos el reloj quieto descubramos algo revolucionario: que el sol siempre estuvo donde debía. Somos nosotros los que vamos con retraso.