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| Esta es la trágica realidad de las migraciones forzadas, no el relato de PP y Vox |
Detrás de cada migrante hay sufrimiento. Muy pocas personas arriesgan su vida y abandonan su hogar si creen tener una alternativa digna. Huyen de la miseria, el hambre, la guerra, la falta de oportunidades... Por ello, resulta alarmante que la derecha deshumanice estas vidas con bulos mezquinos, tachando de “invasión” o “ataque” la pura supervivencia. La inmensa mayoría no son delincuentes, sino personas indefensas, utilizadas en una guerra híbrida, que añoran un futuro mejor, como usted querría para los suyos.
La frontera entre España y Marruecos separa dos realidades socioeconómicas marcadas por una profunda brecha de ingresos y oportunidades. Ante este desafío, la respuesta puramente punitiva o de rechazo carece de viabilidad a largo plazo. Es intolerable pretender que Marruecos actúe como gendarme; ninguna dictadura debe custodiar derechos humanos. Si no queremos migración forzada, la solución pasa por impulsar el desarrollo, la estabilidad y las oportunidades en los países de origen, en lugar de explotar el racismo y el miedo con fines electorales. Es urgente exigir a la oposición liderazgos responsables orientados a resolver los problemas de fondo y a preservar la convivencia social. Un mundo mejor es posible.
Marruecos utiliza los flujos migratorios como arma geopolítica para desestabilizar la democracia española, alentado por EE.UU. e Israel. Esta estrategia cruel ya ha costado decenas de muertes trágicas. Lo más cínico es que estos tres Estados –el Congreso de EE.UU. llegó a describir Ceuta y Melilla como ciudades situadas en territorio marroquí– sostienen que Ceuta y Melilla son marroquíes, mientras los supuestos “patriotas” de la derecha española callan sumisos. Su patriotismo es una farsa xenófoba.






