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| Bajo un sesgo machista y de ultraderecha, la IA urde una red interminable de bulos |
Es inadmisible que un sistema diseñado para transformar nuestro futuro replique las peores lacras del pasado. La IA no es neutral; actúa como un espejo deformado que perpetúa estereotipos profundamente arraigados. Ante una misma pregunta, orienta a los hombres hacia las emergencias y a las mujeres hacia el cuidado infantil; recomienda medicina a ellos y enfermería a ellas; sugiere el deporte para afrontar la tristeza masculina y el arte para la femenina. Incluso aconseja a las mujeres negociar salarios inferiores. Estas diferencias consolidan estereotipos de género bajo una falsa apariencia de neutralidad tecnológica.
Este sesgo sistémico se agrava con una clara inclinación hacia posturas de derecha. Yo mismo he planteado a la IA cuestiones políticas y he comprobado cómo omite datos de gran relevancia. Solo cuando insistes —«¿Cómo que Feijóo no ha dicho que…?»— rectifica y admite: «Ah, sí, disculpa, lo había pasado por alto». Esta falta de rigor informativo es alarmante.
En el fondo, no hay nada nuevo bajo el sol: detrás de la IA hay grandes fortunas y grandes intereses, y algunos de sus principales creadores tienen vínculos con Donald Trump. ¿De verdad vamos a confiar ciegamente en una tecnología controlada por quienes concentran tanto poder? Exigir transparencia radical ya no es una opción, sino una urgente necesidad democrática.






