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| Lo de los fascista de Vox es de traca |
Es desternillante. Vox organiza unas jornadas en el Congreso sobre “libertad de expresión” y, en un alarde de humor involuntario, los invitados estrella son Vito Quiles y Bertrand Ndongo tras haber sido expulsados del Parlamento. Solo falta Torquemada sirviendo los cafés para cerrar el círculo del cinismo. Es fascinante ver a los herederos del franquismo, cuyo ADN político se resume en el «de esto no se habla», convertidos de pronto en monaguillos del librepensamiento. Afirman, con una ausencia total de vergüenza, que hay censura mientras señalan a periodistas, insultan a medios y confunden la crítica con la persecución. Son vulgares pirómanos dictando un curso de prevención de incendios. Eso sí, su idilio con la libertad es tierno: la defienden con fervor, siempre que sea la suya propia, blindada con dinero público y cara de mártir. Sabemos que sueñan con entrar en TVE si gobiernan: no como gestores, sino como en Hiroshima, armados con bombas atómicas, motosierras y lanzallamas, usando la Constitución de posavasos. Entrañable paradoja: predican la palabra libre mientras sacan lustre al arsenal.





