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| Lo que les molesta es la democracia |
En 1936, sectores de la derecha radical y las élites decidieron destruir por la fuerza a la Segunda República Española. Las causas reales del golpe no fueron el “caos” ni una supuesta revolución inminente, sino el pánico de las élites terratenientes, financieras y eclesiásticas ante reformas que amenazaban sus privilegios: la reforma agraria, la subordinación del Ejército al poder civil, la educación laica e igualitaria y la ampliación de derechos sociales.
La investigación histórica rigurosa ha desmontado los mitos de la propaganda dictatorial. Los historiadores Paul Preston y Ángel Viñas han demostrado que la conspiración fue planificada mucho antes de julio de 1936 por generales como Emilio Mola y culminada por Francisco Franco. No fue una reacción improvisada, ni el asesinato de Calvo Sotelo, sino un golpe preventivo contra la modernización social de un gobierno legítimo salido de las urnas en febrero de 1936.
La derecha golpista utilizó el miedo al comunismo como coartada para justificar una sublevación que fracturó al país y desencadenó una guerra devastadora abriendo paso a cuarenta años de dictadura. Un sistema de opresión que hundió a España en la autarquía, el crimen de Estado, la miseria y el silencio impuesto. Hablar de “alzamiento” es blanquear lo que fue: una traición armada contra la soberanía popular. Las excusas fueron propaganda; la verdad, la defensa feroz de privilegios históricos frente a una democracia que pretendía modernizar el país.






