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jueves, 7 de mayo de 2026

Aldama: el acusado Schrödinger de la Fiscalía

La Justicia continúa siendo franquista
La Justicia continúa siendo franquista

 ¿Cómo sostiene el fiscal jefe anticorrupción que Aldama ha colaborado ejemplarmente mientras afirma, sin pestañear, que ha mentido para involucrar al presidente? Si se miente, ¿se colabora o se enfanga? En este circo, la verdad no es un valor, sino un chicle que el Ministerio Público estira para pedir una rebaja de pena sobre la rebaja ya concedida –coincidiendo con el PP–, a pesar de que, según la UCO, no ha aportado nada nuevo. Aldama es el acusado Schrödinger: un fabulador compulsivo y un aliado fiable al mismo tiempo. Una dualidad que ni la física cuántica imaginó, pero que nuestra justicia abraza con un entusiasmo que apesta. Esta es la fascinante coreografía: un acusado que engaña, pero merece premio; que desacredita y, aun así, obtiene rebaja de condena por “colaborar”. No se busca la verdad, se premia la utilidad. Lo que nos queda es una Justicia que funciona como una tómbola con toga: aquí el premio no depende de la ética, sino de lo bien que sepas balar la canción que el pastor necesita oír. Sigan aplaudiendo el esperpento; el ridículo es total y la náusea, obligatoria.

miércoles, 6 de mayo de 2026

El abismo de los que no quieren ver

 

La estatua de Banksy en Waterloo Place
La estatua de Banksy en Waterloo Place

Junto a fríos bronces imperiales, en la quietud de Waterloo Place, Banksy ha erigido un espejo de nuestra propia decadencia: un hombre trajeado, con paso marcial y ademán decidido, avanza mientras la bandera que enarbola le tapa el rostro. Es la anatomía del patriotismo reaccionario: una marcha entusiasta hacia la nada, ejecutada por quien ha canjeado la visión por un trozo de tela; no ve más allá.
La obra desnuda al patriotismo de consigna. Ese hombre encorbatado, símbolo de la élite que teje el odio en sus despachos blindados, camina hacia el borde del pedestal. Un paso más y caerá al vacío. Banksy nos advierte que la ultraderecha global —esa que llama libertad a la sumisión mental— vende fronteras y pureza mientras practica la ceguera; invoca la identidad sólo para justificar la exclusión.
Es una alucinación voluntaria. Cubrirse los ojos con la enseña no es amar un país: es abdicar de la razón. El individuo pierde la humanidad y el sentido de la dirección. No hay futuro en una patria que exige no ver al otro. Es el triunfo de la identidad sobre la inteligencia: una caída libre disfrazada de desfile triunfal. El nacionalismo no es el camino; es el paredón que impide ver la realidad.

domingo, 3 de mayo de 2026

La felicidad y la envidia

 

Dos personajes unidos por el odio y la envidia
Dos personajes unidos por el odio y la envidia

En España, el éxito ajeno no es un motor, sino una afrenta. Ocupamos un mediocre puesto 41 en el Informe Mundial de la Felicidad, y no por falta de recursos materiales —los países nórdicos, los más felices, echan de menos nuestro sol y nuestra vida en la calle—, sino por exceso de bilis. Nos sobra sol y nos falta grandeza para tolerar el brillo del vecino. Es el pecado nacional: una envidia castiza y vigilante que prefiere ver al otro hundido antes que prosperar uno mismo.
Y lo peor es que esa amargura impregna nuestra política de bajeza. Lo vemos en la frustración patológica de Feijóo y Abascal, incapaces de digerir que La Moncloa no se hereda por decreto; sus rabietas son el deporte nacional elevado a la enésima potencia. Como sentenció Unamuno: «¡Qué país, qué paisaje y qué paisanaje!». El problema del país no es el paisaje, que invita a la felicidad, sino un paisanaje mezquino que prefiere vivir en la oscuridad con tal de apagar la luz del de enfrente. Somos una nación de resentidos que, en lugar de escalar, se dedica a cortar las cuerdas de quienes ya suben: un espectáculo bochornoso que nos condena a la infelicidad crónica.

miércoles, 29 de abril de 2026

La mafia que devoró el Estado

 

Esto sí que es una auténtica MAFIA
Esto sí que es una auténtica MAFIA

Lo del PP no es un episodio aislado, sino un patrón sistémico de degradación. El caso Kitchen reveló una fractura democrática sin precedentes: la movilización de recursos públicos no para servir al ciudadano, sino para obstaculizar la justicia y destruir pruebas del caso Gürtel. Este uso patrimonial del Estado alcanzó su cénit con la fabricación de pruebas falsas —en connivencia con terminales mediáticas— para aniquilar a rivales como Podemos o el independentismo. Es la perversión absoluta de las instituciones al transformarlas en un escudo de impunidad. Es más que corrupción económica, es un asalto al Estado de derecho. Cuando el Ejecutivo manipula los resortes del poder para blindarse, la democracia degenera en una estructura mafiosa.
A esto se suma la sombra del caso Montoro, donde decisiones estratégicas desde el Consejo de Ministros habrían favorecido intereses privados con conexiones directas. El escándalo no es solo la merma recaudatoria sino la perversión del proceso legislativo.
Pese a la contundencia de los hechos, el relato es la negación. Esa desconexión entre la verdad jurídica y el discurso del PP es un desprecio a la ciudadanía. Lo intolerable no es el saqueo sino el esfuerzo coordinado por ocultarlo y negarlo sin pudor —para aferrarse al poder— por parte de quienes deben velar por la ley.

domingo, 26 de abril de 2026

Inoculando el fascismo: el veneno de la prioridad nacional

 

La ultraderecha pepera se ha dejado atrapar por el fascismo extremo de Vox
La ultraderecha pepera se ha dejado atrapar por el fascismo extremo de Vox

El auge de la «prioridad nacional» no es una respuesta a problemas reales, sino la construcción de un marco mental diseñado para fracturar la sociedad. Vox ha logrado introducir un virus retórico en el debate público: una trampa que, bajo el lema de «España primero», busca desmantelar los consensos básicos de convivencia. Al convertir al diferente en una amenaza y al vulnerable en un culpable, se normaliza una exclusión que, hasta hace poco, era marginal y que hoy habita en las instituciones.
Lo más preocupante es la mimetización del PP con este discurso. Al adoptar la agenda de la derecha extrema, la derecha institucional abandona los problemas estructurales —vivienda, salarios, servicios públicos— para centrarse en una narrativa que señala a la inmigración como un lastre. Es un ejercicio de desinformación consciente: el propio Banco de España ha certificado que la aportación de los trabajadores extranjeros es, y será, indispensable para la sostenibilidad de nuestras pensiones y el bienestar común.
Estamos ante una estrategia de crispación que busca enfrentar al penúltimo contra el último para proteger los intereses de las élites. Al prometer legalizar la exclusión, no solo se pone en riesgo el Estado de derecho, sino que se traiciona nuestra propia historia como pueblo emigrante. Si llegan al poder, pretenden cambiar las leyes para institucionalizar el racismo; el PP, mimetizado con la derecha extrema, ya no distingue sus siglas de los postulados extremistas. Ambos caminan de la mano hacia una regresión moral que busca, simplemente, dinamitar los derechos humanos.

jueves, 16 de abril de 2026

Desatino histórico: el PP y el Guernica

 

El Guernica de Picasso
El Guernica de Picasso

El debate sobre el Guernica no es una cuestión de gustos: es de rigor. La obra no nace de una inspiración abstracta, sino de un encargo del Gobierno de la República para la Exposición Universal de París de 1937. Su propósito fue claro: denunciar el bombardeo de la población civil vasca por la aviación nazi al servicio del bando sublevado.
El intento del PP de desligarla de su contexto no es un error artístico, sino una distorsión deliberada. Sostener que responde a una temática taurina previa —solo porque Picasso empleó su lenguaje visual habitual— es como decir que un grito de socorro es un simple ejercicio de fonética. En 1937, ese lenguaje se puso al servicio de la denuncia de la barbarie fascista.
Reducir el Guernica a un ejercicio estético lo vacía de su dimensión moral. No es un análisis inocente; es una estrategia para neutralizar su denuncia y desplazar el foco desde las víctimas hacia una lectura mansa y decorativa. La cultura exige fidelidad a la verdad; desvirtuar su origen es un negacionismo que desprecia la historia y la inteligencia del espectador.

domingo, 12 de abril de 2026

Un pirómano en el Despacho Oval

 

Trump: un desastre para el planeta
Trump: un desastre para el planeta

Al narcisista Trump no se le recordará como pacificador, sino como arquitecto del caos. Su legado es una clase magistral de desprecio al derecho internacional y al orden jurídico interno, así como de retórica incendiaria y de degradación deliberada de normas democráticas básicas que no caben en un tuit de madrugada. Con la sutileza de un elefante en una cristalería diplomática, sustituyó el derecho internacional por la lógica del chantaje, recordándonos a todos que la ley es solo un incordio si llevas mucho maquillaje naranja. El clímax de su patriotismo fue el 6 de enero de 2021, cuando decidió que la transferencia pacífica del poder era un concepto demasiado aburrido. Tras alimentar el bulo del fraude con la insistencia de un autócrata ofendido, observó cómo el Capitolio era asaltado, logrando lo que ninguna potencia extranjera consiguió: que la democracia estadounidense pareciera un mal episodio de telerrealidad. Si existiera un Nobel al Caos, Trump lo ganaría por aclamación, aunque probablemente luego bombardearía al comité por no darle también el de la Paz.
Donde la ley exige respeto, él practica vulneración; donde la diplomacia exige prudencia, él impone guerra; donde hace falta un presidente, él es el payaso del reino.

viernes, 10 de abril de 2026

Patriotas de conveniencia y genuflexión

PP y Vox: patriotas de pandereta
PP y Vox: patriotas de pandereta

 Ver al PP justificar el secuestro de un casco azul español por parte de Israel es un espectáculo de servilismo digno de estudio y una renuncia explícita a la dignidad nacional. Calificar la retención violenta de nuestro militar como una nadería –«he estado en controles de tráfico que han durado más»–, no es una simplificación; es un desprecio a la integridad de nuestras Fuerzas Armadas. Estos son los gestores del monopolio del patriotismo, siempre firmes… pero cuidando de no incomodar al poderoso de turno. Son patriotas de banderitas, de los que se cuadran ante el himno, pero claudican ante la geopolítica del matón.
Vox, por su parte, guarda un silencio sepulcral, confirmando que su soberanismo es selectivo: ruge contra el vulnerable, pero calla ante el poderoso.
Esta derecha parece añorar la obediencia ciega que ya nos arrastró al lodazal de Irak, anteponiendo el papel de vasallo entusiasta a la defensa del derecho internacional. Para estos supuestos guardianes de la nación, la soberanía española es una nota al pie de página que se borra si incomoda al aliado preferencial. Lo verdaderamente alarmante es la seguridad de que, de gobernar, no dudarían ni un segundo: estaríamos en guerra. Es una sumisión genética: prefieren actuar como subordinados diligentes antes que defensores de una legalidad que, a su juicio, es un detalle opcional.
Bajo la bota del poderoso, siempre; junto a los suyos, solo si el guion lo permite.

jueves, 9 de abril de 2026

Domingo rojo en Madrid: júbilo y pistolas

 

La dictadura no quería dar paso a la democracia
La dictadura no quería dar paso a la democracia

Hace 49 años, la noche del 9 de abril de 1977, mi amigo Miguel y yo –mochileros– volvimos a dedo a Madrid desde Alicante. En el trayecto enlazamos coches con conductores dispares: un guardia civil retirado, un piloto de motocross, un hippie al que pagamos la gasolina de su Citroën dos caballos… Al llegar a la madrileña Plaza de España, el paisaje era irreal: la Gran Vía era un río de coches con banderas rojas. «O lo han legalizado o ha pasado algo», dijo mi tocayo. Era lo primero: Adolfo Suárez acababa de sacar al PCE de la clandestinidad. La ciudad era un estallido de alegría contenida.
Al día siguiente, la fiesta continuaba. Caminé solo hacia Princesa. Contagiado por el claxon de los coches y el flamear de las banderas, tanto tiempo heridas, saludé con el puño en alto y una sonrisa. Mi gesto de júbilo atrajo a un esbirro. Un hombre en la cincuentena comenzó a calcar mis pasos. Apreté el ritmo, pero él mantenía la distancia, como el cazador que sabe que su presa no tiene escapatoria. Al llegar a la fuente de la Plaza de España –entonces junto a Princesa– me senté, fingiendo calma. Él, con decisión, pasó por delante. Lo seguí con el rabillo del ojo. Dio un rodeo y, “pisando el césped, entonces prohibido”, se situó a mi espalda.
Se me erizó el vello de la nuca y me giré. Estaba a un par de metros, llevándose la mano derecha a la sobaquera izquierda. No aguardé a ver la pistola. Corrí sin rumbo hasta perderme entre la gente. Cuando me detuve, ya no lo vi.
Regresé a casa mirando hacia atrás, con el pulso en las sienes. En aquel momento fui más consciente de que la libertad recién estrenada vendría escoltada por el terror de quienes ansiaban la involución.

miércoles, 8 de abril de 2026

ETA: el refugio de los mediocres

 

ETA: comodín de los ineptos
ETA: comodín de los ineptos

Las derechas son incapaces de hacer política sin invocar a ETA. No por memoria, sino por insolvencia. Catorce años después de su derrota a manos de los demócratas, siguen desenterrando su sombra con una insistencia obscena. No es justicia; es necrofagia política.
Utilizar a la banda como comodín delata un discurso vacío. Cuando falta un proyecto de futuro y el programa se limita a proteger privilegios, se azuza el miedo y se llena el aire de insultos para ocultar carestía de ideas. Convertir el dolor en un eterno presente no es pedagogía; es manipulación emocional y una ofensa a las víctimas, a quienes reducen a figurantes de su propaganda.
El ciclo de la Comunidad de Madrid —«ETA es presente»— es el máximo exponente de esta irresponsabilidad. No buscan que los jóvenes universitarios aprendan historia, sino imponer un relato conveniente. Quien resucita a una banda muerta para ganar un debate demuestra que no tiene nada que ofrecer a los vivos. Basta de mercadear con las cenizas. Superar el terrorismo exige rigor democrático, no una dependencia enfermiza.

miércoles, 1 de abril de 2026

A remolque de Vox

El PP ha sido atrapado por Vox
El PP ha sido atrapado por Vox; en realidad, son la misma cosa

 Vox ya no es el rival del PP; es su laboratorio ideológico. Ante cada proclama incendiaria de Abascal —el ataque a RTVE es el último síntoma—, Génova no confronta, sino que aguarda. Ese silencio no es neutral: es el tiempo de incubación para que el marco ultra acabe inoculado en el discurso oficial del PP.
No es un descuido; es una claudicación estratégica. Vox desplaza el péndulo de lo aceptable y radicaliza el debate público mientras el PP, lejos de actuar como dique de contención democrático, ejerce de notario de un nuevo consenso reaccionario donde se siente más cómodo. Lo certifican la erosión de la memoria histórica, el negacionismo climático, la violencia de género y una gestión de la inmigración en pactos autonómicos que normaliza discursos que, hace apenas un lustro, habrían invalidado a cualquier político de Estado.
El drama no es que el PP imite a Vox, sino su renuncia al liderazgo moderado por mero cálculo oportunista. Cuando la derecha tradicional se muda al extremo, arrastra consigo al sistema. Lo que se degrada no son solo unas siglas, sino el suelo común sobre el que se erige nuestra convivencia.

domingo, 29 de marzo de 2026

PP: del bloqueo táctico a la carencia programática

 

Feijóo anda dando tumbos de aquí para allá
Feijóo anda dando tumbos de aquí para allá

La actual estrategia del PP en el Congreso plantea un dilema sobre su papel como alternativa de Estado. El reciente episodio de los decretos anticrisis por la guerra de Irán ha evidenciado que la dirección de Génova prioriza el rédito electoral y la erosión parlamentaria sobre el contenido técnico de las normas. Al supeditar su voto a la aritmética de terceros —en este caso, los movimientos de Junts—, el PP incurre en una contradicción programática: se rechazan medidas que el propio partido había reclamado, como las rebajas del IVA en alimentos básicos.
Bajo la dirección de Feijóo y con Tellado como secretario general, la formación ha transitado del «sí» inicial –«bienvenidos a la fachosfera»–, pasando por el «no», a una abstención final cuando el «no» se mostró irrelevante, huérfana de una propuesta alternativa sólida. Esta deriva técnica sugiere que el objetivo no es mejorar la eficiencia de las políticas públicas, sino forzar la parálisis legislativa del Ejecutivo. Al convertir el Parlamento en un tablero de sabotaje táctico, se desdibuja el rigor técnico necesario para abordar la inflación. Una oposición que sacrifica la estabilidad económica por el impacto de un titular compromete su propia credibilidad como partido de gobierno.

jueves, 26 de marzo de 2026

PP: mugre verbal como programa

 

Feijóo está envenenado y no ve más allá
Feijóo está envenenado y no ve más allá

¿Por qué el PP se refugia en la infamia en lugar de explicar su proyecto? El último ejemplo lo firma Jaime de los Santos. Para trepar, el vicesecretario de Educación emula a Tellado y elige el lodazal frente al debate. Calificar a ministros de «poco aseados» no es un desliz; es una estrategia para deshumanizar al adversario. Una burla sobre el «aseo personal e intelectual» que solo retrata la catadura de quien la profiere frente a unos responsables públicos que, en cualquier caso, le dan mil vueltas en altura moral y preparación.
Este fango es un patrón. Este machirulo también atacó a Sarah Santaolalla, lanzó insinuaciones contra Pilar Alegría y acosó a las hijas de Zapatero. No es crítica; es ruido para ocultar un vacío de ideas preocupante. Cuando no se puede defender un programa de recortes y retrocesos, se recurre al insulto de clase, al bulo mezquino y al machismo rancio. A última hora, también se suma a esta bajeza Azcón.
Hay que señalar al responsable: Feijóo. Él ampara y promociona a quienes ejecutan este hostigamiento. Su silencio no es neutralidad; es complicidad necesaria. En democracia, la discrepancia exige argumentos. Quien solo ofrece insultos demuestra que su único proyecto es la destrucción del respeto institucional.

martes, 17 de marzo de 2026

«P’alante»

 

MAR, provocador fascista
MAR, provocador fascista

Miguel Ángel Rodríguez, ese personaje de modales mafiosos apodado MAR, ha terminado imputado por la misma nadería que le costó el puesto al fiscal general del Estado: revelar datos protegidos. Existen, eso sí, diferencias notables. En el caso del fiscal no había pruebas y negó la mayor. En cambio, MAR, en un rapto de esa embriaguez tabernaria y prepotente que tanto lo define, se jactó de la filtración con la soberbia de quien se sabe intocable. Total, la impunidad es un derecho adquirido, ¿no? 
Ahora llega lo importante. Si el Supremo aplicó aquel rigor detectivesco de «él o alguien de su entorno» –aunque sea inconcebible en un tribunal– para condenar al fiscal por ciencia infusa, con MAR lo tienen en bandeja de plata: el reo confesó el delito entre bravuconadas digitales y hay pruebas. Mismo hecho, mismo destino... ¿verdad? Si MAR se va de rositas tras admitir lo que al fiscal, sin pruebas, le costó «ir p’alante», confirmaremos, una vez más, que en España el Código Penal se aplica según el color del carné.
Pasen y vean: el circo de la justicia a la carta continúa.

jueves, 12 de marzo de 2026

Señor Aznar: memoria y responsabilidad

 

Aznar es la encarnación de la soberbia
Aznar es la encarnación de la soberbia

Justo en el aniversario del 11-M, Aznar exhibió de nuevo un cinismo hiriente: afirma que «está más que justificado que se intente cambiar un régimen que altera completamente las reglas internacionales». ¿Se refiere a Trump y sus constantes atropellos al derecho global? Por supuesto que no; su objetivo es Irán.
Resulta una ironía macabra que quien dinamitó la legalidad para hundirnos en la guerra de Irak y el caos del ISIS pretenda hoy dar lecciones de derecho. Aznar es el único miembro del Trío de las Azores que sigue atrincherado en su soberbia, incapaz de pedir perdón, prefiere cerrar la efeméride alimentando delirios conspiranoicos junto a Mayor Oreja. Su desprecio por la verdad y por el marco jurídico que juró defender es una afrenta permanente. Quien sacrificó la seguridad y la ley por intereses espurios no merece respeto, sino un juicio moral implacable. Sin asunción de responsabilidad ni vergüenza, su legado permanece sentenciado por la ilegalidad y la traición a la memoria de las víctimas.

martes, 10 de marzo de 2026

Europa: el derecho o el abismo

 

¿Qué está proponiendo Ursula Von der Leyen?
¿Qué está proponiendo Ursula Von der Leyen?

La postura de Ursula von der Leyen no es realismo político; es un acta de sumisión. Afirmar que Europa debe dejar de ser la guardiana del orden internacional porque este se desmorona es una cobardía histórica. En la hora más oscura, la respuesta no es apagar el faro, sino avivar su luz.
El desprecio por las normas que exhiben figuras como Trump, Putin, Netanyahu o Milei no es una “nueva normalidad” a la que adaptarse, sino una patología que combatir. Estos fascistas pretenden sustituir la justicia por el músculo, condenando al planeta a un estado de colisión perpetua. Si Europa renuncia a sus valores bajo el pretexto del pragmatismo, no estará sobreviviendo: estará cavando su propia fosa.
Nuestra identidad se forjó sobre las cenizas de los hornos crematorios y el hedor de las trincheras. Olvidar que el derecho común es el único dique contra el canibalismo entre naciones es un suicidio moral. La adaptación que nos propone es una rendición ante la fuerza bruta. Europa no tiene derecho a capitular. Porque cuando las reglas mueren, lo que emerge no es un orden nuevo, sino el grito de guerra de los tiranos y el silencio de los cementerios. Abdicar de la ley es invitar a la barbarie.

domingo, 8 de marzo de 2026

Sempiterno engaño

 

¡Basta ya de guerras imperialistas!
¡Basta ya de guerras imperialistas!

Hay tradiciones que no se pierden, como el turrón en Navidad, que las pensiones no se sostienen o el anuncio de que Irán tendrá la bomba atómica el próximo martes. Es el “mañana empiezo” de la geopolítica: una promesa eterna que sirve para justificar el noble arte de la guerra imperialista preventiva “porque me da la gana”.
El calendario es revelador. En 1984, el Senado de EE. UU. calculó 7 años. En 1992, Netanyahu rebajó la espera a 3. En 1995, la CIA situó la debacle nuclear en el año 2000. Llegó, se temió por los ordenadores… pero la bomba iraní tampoco apareció. Lejos de rendirse, en 2012 Netanyahu acudió a la ONU con un dibujo de bomba digno del Correcaminos –no es broma– y aseguró que 2013 sería el apocalipsis. Han pasado más de diez años y el “punto” sigue desplazándose con admirable disciplina. Ahora han atacado a Irán y la bomba no aparece.
El libreto resulta familiar. En 2003, el “Trío de las Azores” nos vendió armas de destrucción masiva en Irak con la misma convicción con la que un trilero señala la bolita. No aparecieron jamás, pero el mundo quedó hecho unos zorros. El guion es tan previsible que aburre, pero mientras el público siga comprando palomitas, los imperialistas de turno seguirán efectuando guerras preventivas basadas en pruebas que nunca llegan a materializarse; aunque las víctimas inocentes de sus guerras, sí.

jueves, 5 de marzo de 2026

Soberanía no es servilismo

 

Hastiado de patriotas de pandereta
Hastiado de patriotas de pandereta

Defender el derecho internacional y los principios de la UE no son opciones negociables; es un deber. Claudicar por miedo tampoco es opción. Si Trump amenaza a España y sostiene que «puede usar las bases si quiere, que podría simplemente volar y usarlas. Nadie nos va a decir que no las usemos», la respuesta no puede ser la sumisión. Plantar cara tiene costes; pero ceder aún más: la inestabilidad y la dependencia disparan los precios y, además, se pierde la dignidad. España no es el patio trasero de nadie.
Ante las amenazas, PP y Vox vuelven a alinearse con el poderoso cuando quieren tratar a España como peón estratégico. Mucho símbolo y mucha bandera; poca defensa efectiva de la legalidad internacional y de la autonomía nacional. El patriotismo no es obediencia selectiva ni cálculo partidista. Es coherencia cuando hay presión.
Los derechos humanos y la Carta de la ONU no son sugerencias opcionales que se puedan ignorar por miedo o conveniencia. Son los cimientos que nos definen como democracia y como proyecto europeo. Renunciar a ellos ante la primera amenaza no es pragmatismo, es una traición a nuestros valores fundamentales.
Decir ¡No a la guerra! y ¡sí a los derechos humanos y al derecho internacional!, no es ingenuidad. Es la única base sólida para una convivencia justa. Lo contrario no es realismo: es rendición.

miércoles, 4 de marzo de 2026

Legalidad o barbarie

 

Trump nos lleva al desastre mientras Feijóo le lame las botas
Trump nos lleva al desastre mientras Feijóo le lame las botas

El carácter execrable del régimen iraní no puede servir de coartada para dinamitar el orden global. Tras el horror de la Segunda Guerra Mundial, las naciones se dotaron de un sistema basado en la Carta de la ONU para impedir que el planeta regresara a la ley del más fuerte. Hoy, sin embargo, asistimos a la quiebra del derecho internacional que amenaza con devolvernos al caos.
No es una cuestión ideológica, sino jurídica. Si España se reclama Estado de derecho, su única opción es la coherencia con los tratados que firma. Por eso estoy orgulloso de la postura española con el respeto al derecho internacional. En este escenario, resulta políticamente grave que Feijóo alinee su discurso con el de Trump y Netanyahu, cuya estrategia pasa por debilitar los consensos jurídicos internacionales. Que Estados Unidos e Israel nos denuesten por defender la legalidad no debería inquietarnos, sino confirmarnos que estamos en el camino correcto.
Europa no puede ser un espectador mudo. Necesita una voz propia y firme que exija el cumplimiento estricto de los tratados. El orden internacional se defiende con normas, no con excepciones; lo contrario no es diplomacia, es claudicación ante la fuerza.

lunes, 2 de marzo de 2026

Aznar, arquetipo de la desmemoria

 

José Mari tiene un rostro pétreo insuperable
José Mari tiene un rostro pétreo insuperable

José María Aznar, aquel que convirtió el “no” en una religión, reprocha ahora a Vox su afición a «decir no a todo», porque, afirma, «no aporta nada constructivo». ¿Me lo dices o me lo cuentas, José Mari?
¡Es alucinante! Ver al Gran Patriarca quejándose de que otros no proponen nada es como oír a un pirómano criticar el humo: un ejercicio de hipocresía que roza lo sublime. ¿De verdad pretende darnos lecciones de política constructiva?
Si algo ha perfeccionado el PP en la oposición es el noble arte del bloqueo sistemático, el recurso fácil al «España se rompe» y la deslegitimación del Gobierno de turno, que en democracia suele salir de las urnas.
Basta tirar de hemeroteca: recursos al Tribunal Constitucional contra leyes aprobadas por mayoría, negativas cerriles a pactos de Estado sin aportar ninguna alternativa y una alergia selectiva al consenso que aparece solo cuando no gobiernan.
Pero claro, cuando el “no” lo pronuncian otros, entonces es irresponsable, populista y poco edificante. Cuando lo hacen ellos, es firmeza, sentido de Estado y defensa de la nación. Aznar olvida que él mismo perfeccionó la técnica de la tierra quemada. Hay que tener un rostro de granito para afear la conducta a sus propios herederos ideológicos usando el manual que él escribió.
Si la coherencia cotizara en bolsa, este discurso no valdría ni el papel en el que fue impreso.