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| Y no solo, el victimismo también. |
Lo fascinante del “pisito” de 485 metros cuadrados no es su tamaño, sino el tierno esmero con el que intentaron ocultarlo. De no ser porque un periodista husmeó en el Registro de la Propiedad, tres meses después de la firma secreta, hoy estaríamos financiando una majestuosa residencia a Ayuso pagada con el dinero de todos los madrileños, pero camuflada en los presupuestos como “almacén de fotocopiadoras” o “archivo de folletos turísticos” a unos metros de casa de sus padres.
Cuando el escándalo saltó por los aires, la primera pirueta argumental de la factoría de ficción de la Comunidad de Madrid rozó la genialidad: afirmaron que la lideresa necesitaba urgentemente ese espacio como despacho temporal. ¡Claro que sí! Ideal para recibir autoridades en la terraza de 200 metros cuadrados, porque los acuerdos mejoran sustancialmente si se hacen con un buen cóctelito al aire libre y vistas VIP a Chamberí. Qué mejor sitio para firmar un decreto que junto a una barbacoa en la terraza.
El problema es que, como el Plan Urbanístico prohíbe las oficinas allí arriba, cambiaron el libreto de excusas por algunas delirantes y victimizantes: que si los incendios, que si el sueldo congelado, que no sabemos para qué será… Y, redoble de tambor, como guinda final se vende para ayudar a los de los incendios. Patético uso de las víctimas.
El verdadero milagro de la presidenta no es obrar el prodigio de encontrar un pisito enfrente de la casa de sus padres, sino lograr que la justicia sufra de repentina presbicia. Mientras a unos les inspeccionan hasta los calzoncillos que llevan, los de derechas se van de rositas. Aquí los tribunales mirarán hacia otro lado con total elegancia. En Madrid, la Diosa Temis no solo es ciega, sino que parece estar esperando pacientemente a que la inviten al cóctel de inauguración.
¡Y pensar en la que le montaron a Sánchez por cambiar un colchón que llevaba siete años con Rajoy!



















