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miércoles, 17 de junio de 2026

El horror de la indiferencia europea (20 de junio día del refugiado)

 

El fatídico día a día de los campos de refugiados
El fatídico día a día de los campos de refugiados

Imaginen sobrevivir al horror de la guerra para terminar pudriéndose en el vertedero moral de Europa. Los campos de refugiados, como el infame Mavrovouni, no son centros de acogida sino campos de concentración modernos donde el derecho humano se asfixia entre el fango, el polvo y la desidia. Es una obscenidad hablar de higiene en pleno siglo XXI cuando hasta 1.300 personas dependen de un solo grifo; una tortura programada por Estados que miran hacia otro lado mientras el jabón se convierte en un objeto de culto inalcanzable.
Despojados de su condición jurídica y civil, estos seres humanos se convierten en parias «vulnerables al cuadrado» en un continente que presume de valores mientras condena su futuro al olvido. No hay tregua para el refugiado, solo un limbo eterno donde la esperanza es machacada con hambre y frío. La Europa del bienestar ha creado sus «apestados», encerrando en guetos a familias cuya única culpa es buscarse la vida.
Mientras el mundo celebra días mundiales con retórica vacía, la realidad es un infierno de sonrisas infantiles borradas por el barro y el desprecio. Lo que ocurre no es una crisis humanitaria, es un crimen colectivo. Nuestra indiferencia es la soga que los asfixia; nuestra comodidad, el muro que los mata; el Mediterráneo es la fosa, sus costas son las cárceles.
Es la deshonra de una civilización fallida.

miércoles, 10 de junio de 2026

¡Qué dirá el Santo Padre!

 

l PP atrapado en la anticristiana "prioridad nacional"
El farisaico PP atrapado en la anticristiana "prioridad nacional"

Resulta de una finura intelectual conmovedora observar a PP y Vox aplaudir con fervor el discurso humanista del Papa en el Congreso. Sostener que suscriben «de la A a la Z» un mensaje de respeto al migrante y al derecho internacional, de rechazo a la guerra y de concordia, mientras ejercen una praxis política diametralmente opuesta, es un ejercicio de funambulismo moral digno de estudio.
Es de admirar cómo concilian la doctrina pontificia con la promoción de la «prioridad nacional», el indisimulado anhelo de alinearse con Trump o Netanyahu, el refinado uso del insulto al presidente del Gobierno y la deshumanización del adversario. Especial mención merece la elegancia retórica de Feijóo al equiparar migración con «violaciones y machetazos».
Si estos autoproclamados custodios de la fe escucharan de verdad al pontífice, su autoridad suprema en la tierra, su agenda colapsaría. Su virtuosismo consiste en revestirse de piedad e instrumentalizar el miedo, vaciando de contenido los valores que dicen defender. Aplaudir la máxima de que «discrepar no es humillar» requiere, desde luego, un cinismo exquisito.
El mensaje papal no es revolucionario; es, sencillamente, una reafirmación de derechos humanos elementales. Que algunos lo perciban como revolucionario revela hasta qué punto se ha desplazado el marco político hacia posiciones insolidarias.
¡Fariseos 2.0!

jueves, 4 de junio de 2026

La rebelión invisible del planeta

No podemos seguir como si no pasara nada
No podemos seguir como si no pasara nada

Hace muy poco, la OMS advirtió que el riesgo de una nueva pandemia es inminente y que sus efectos globales podrían ser devastadores. La causa no es un fenómeno aislado, sino el deterioro acelerado de los ecosistemas provocado por la actividad humana.
La deforestación, el cambio climático, la expansión urbana y el tráfico de fauna aumentan el contacto entre personas y animales salvajes, facilitando el salto de virus entre especies. La ciencia lleva años alertando de ello: cerca del 75% de las enfermedades infecciosas emergentes tienen origen animal. Cuanto más invadimos hábitats naturales, mayor es la amenaza biológica.
No es una “venganza de la naturaleza”, sino una consecuencia biológica previsible. Cada bosque arrasado, cada hábitat invadido y cada equilibrio roto amplían las oportunidades para que nuevos patógenos crucen la barrera entre organismos. Con más de 8.300 millones de personas consumiendo recursos a un ritmo incompatible con la estabilidad ecológica, la humanidad ya no lucha contra los virus: lucha contra los efectos de su propia presión sobre el planeta. Y la biología no negocia; responde a este asedio con leyes evolutivas.

lunes, 25 de mayo de 2026

Israel y la impunidad del más fuerte

El Estado de Israel se está ahogando en sangre de inocentes
El Estado de Israel se está ahogando en sangre de inocentes

 El asalto a la flotilla solidaria en aguas internacionales es una prueba más de que el Gobierno de Israel actúa al margen del derecho internacional. Su conducta demuestras un desprecio absoluto hacia los derechos humanos del pueblo palestino, violando sistemáticamente las Convenciones de Ginebra mediante una política de terror de Estado. El rechazo de la comunidad internacional ante este suceso, sumado al impacto de las imágenes de los detenidos, confirman la gravedad de lo ocurrido.
No se limitaron a bloquear la llegada de ayuda humanitaria indispensable. Convirtieron el castigo en un acto de propaganda, exhibiendo la humillación de los activistas ante los ojos del mundo. Si actúan con este nivel de descaro frente a las cámaras y la prensa internacional, es inevitable preguntarse qué grado de desprotección y violencia sufren los habitantes de Gaza cuando los focos se apagan. Lejos de miradas externas, ejecutan un genocidio institucionalizado.
Mientras tanto, la diplomacia internacional responde con una pasividad que es complicidad. Con esa cobertura, las autoridades israelíes perpetúan un ciclo de bloqueos, detenciones y bombardeos. Se exhiben ante el mundo como si el derecho internacional fuera de obligado cumplimiento para el resto del planeta, pero inexistente para los más fuertes.

jueves, 21 de mayo de 2026

¡Basta de corrupción permitida! ¡Ilegalizad los lobbies ya!

 

Con los lobbies, tanto en España como en Europa, la corrupción campa a sus anchas
Con los lobbies, tanto en España como en Europa, la corrupción campa a sus anchas

La influencia de los grupos de presión en las instituciones europeas debe cesar. En Europa operan unos 35 lobistas por cada eurodiputado: más de 25.000 profesionales dedicados a la defensa de intereses privados frente a solo 720 representantes públicos. No es participación; es metástasis democrática. Estos grupos, financiados por el gran capital, no existirían si no fueran obscenamente rentables. Al ser el brazo ejecutor de una corrupción institucionalizada que pervierte la soberanía popular, cada año aumentan sus presupuestos porque compran voluntades. Es imperativo dejar de disfrazar esta presión económica como «libertad de expresión» o «sociedad civil»: el poder adquisitivo no debe comprar capacidad legislativa.
Es criminal que, mientras la ciencia clama contra el colapso climático, el lobby fósil lograra colar el gas y la nuclear en la “taxonomía verde” de la UE. La derecha aplaude este expolio disfrazado de pragmatismo. La contaminación mata a millones de personas al año, pero el beneficio de las élites pesa más que la vida. Es el capitalismo salvaje elevado a dogma.
Los lobbies no equilibran el debate: lo secuestra. Imponen un modelo que socializa pérdidas y privatiza ganancias. Cuando sus intereses vencen a la salud pública, no hay debate, sino captura del Estado. Regular con tibieza ya no es suficiente. Es hora de llamar a la corrupción por su nombre y extirparla sin contemplaciones.

sábado, 16 de mayo de 2026

Charlotada en México

 

Delirios y charlotadas: Ayuso y MÁR campeones del mundo
Delirios y charlotadas: Ayuso y MÁR campeones del mundo

La intrépida Ayuso fue a México en misión de torpedera suicida: pontificar sobre Hernán Cortés ante los descendientes de sus tropelías, dinamitar puentes internacionales y colgarse medallitas de hojalata financiadas por el contribuyente madrileño. La misma diplomacia que la de una despedida de soltero en un convento. Y, eso sí, el trasfondo era noble: ejercer de comercial de lujo para Nacho Cano, el gurú de una Hispanidad de purpurina, tablao y mamandurria.
Y como su viaje hacía aguas, hubo que idear un esperpento: Ayuso imaginó una delirante persecución digna de culebrón de sobremesa y denunció un «boicot» –representando el papel de influencer acosada– mientras volvía a sentenciar que México es un narcoestado «muy peligroso». ¿Y qué hace una mártir de la libertad ante el peligro extremo? ¿Huir? ¡Qué va! Se condenó a cuatro días de exilio forzoso en una tumbona del Caribe. No hay grito de auxilio más desgarrador que el de alguien pidiendo otra margarita mientras el sol de la Riviera Maya broncea su indignación. Un auténtico espectáculo de humor negro donde el “todo incluido” no se perdona. Sobrevivir al horror nunca fue tan refrescante ni dejó un moreno tan uniforme.

miércoles, 6 de mayo de 2026

El abismo de los que no quieren ver

 

La estatua de Banksy en Waterloo Place
La estatua de Banksy en Waterloo Place

Junto a fríos bronces imperiales, en la quietud de Waterloo Place, Banksy ha erigido un espejo de nuestra propia decadencia: un hombre trajeado, con paso marcial y ademán decidido, avanza mientras la bandera que enarbola le tapa el rostro. Es la anatomía del patriotismo reaccionario: una marcha entusiasta hacia la nada, ejecutada por quien ha canjeado la visión por un trozo de tela; no ve más allá.
La obra desnuda al patriotismo de consigna. Ese hombre encorbatado, símbolo de la élite que teje el odio en sus despachos blindados, camina hacia el borde del pedestal. Un paso más y caerá al vacío. Banksy nos advierte que la ultraderecha global —esa que llama libertad a la sumisión mental— vende fronteras y pureza mientras practica la ceguera; invoca la identidad sólo para justificar la exclusión.
Es una alucinación voluntaria. Cubrirse los ojos con la enseña no es amar un país: es abdicar de la razón. El individuo pierde la humanidad y el sentido de la dirección. No hay futuro en una patria que exige no ver al otro. Es el triunfo de la identidad sobre la inteligencia: una caída libre disfrazada de desfile triunfal. El nacionalismo no es el camino; es el paredón que impide ver la realidad.

domingo, 12 de abril de 2026

Un pirómano en el Despacho Oval

 

Trump: un desastre para el planeta
Trump: un desastre para el planeta

Al narcisista Trump no se le recordará como pacificador, sino como arquitecto del caos. Su legado es una clase magistral de desprecio al derecho internacional y al orden jurídico interno, así como de retórica incendiaria y de degradación deliberada de normas democráticas básicas que no caben en un tuit de madrugada. Con la sutileza de un elefante en una cristalería diplomática, sustituyó el derecho internacional por la lógica del chantaje, recordándonos a todos que la ley es solo un incordio si llevas mucho maquillaje naranja. El clímax de su patriotismo fue el 6 de enero de 2021, cuando decidió que la transferencia pacífica del poder era un concepto demasiado aburrido. Tras alimentar el bulo del fraude con la insistencia de un autócrata ofendido, observó cómo el Capitolio era asaltado, logrando lo que ninguna potencia extranjera consiguió: que la democracia estadounidense pareciera un mal episodio de telerrealidad. Si existiera un Nobel al Caos, Trump lo ganaría por aclamación, aunque probablemente luego bombardearía al comité por no darle también el de la Paz.
Donde la ley exige respeto, él practica vulneración; donde la diplomacia exige prudencia, él impone guerra; donde hace falta un presidente, él es el payaso del reino.

miércoles, 18 de marzo de 2026

Silencio atronador de los airados

 

Qué cómodo es no pensar
Qué cómodo es no pensar

¿Dónde están ahora? ¿Dónde se han metido quienes hace poco tiempo se rasgaban las vestiduras, clamaban al cielo y escupían indignación ante la mera idea de pedir perdón a México por la conquista? Aquellos que ridiculizaban cualquier gesto de autocrítica hoy guardan un silencio tan espeso como revelador, ahora que el propio rey Felipe VI reconoció lo evidente: que hubo abusos, hubo excesos y hubo una sombra ética imposible de negar. Y, de repente, los valientes de tribuna desaparecen.
No era una cuestión de orgullo nacional, como nos quisieron vender, sino de negacionismo cómodo; ese que se parapeta en una historia edulcorada para no incomodarse, para no pensar, para no asumir que su concepto de patria también se cimenta sobre la barbarie. Y ahora, ante palabras oficiales que dinamitan su relato, optan por callar. Ni rectificación, ni reflexión, ni un mínimo gesto de coherencia.
Ese silencio no es prudencia: es el colapso de su cobardía. Reconocer errores no debilita a un país, lo dignifica; lo que lo degrada es la soberbia de quienes solo saben gritar cuando se niegan a escuchar.

jueves, 12 de marzo de 2026

Señor Aznar: memoria y responsabilidad

 

Aznar es la encarnación de la soberbia
Aznar es la encarnación de la soberbia

Justo en el aniversario del 11-M, Aznar exhibió de nuevo un cinismo hiriente: afirma que «está más que justificado que se intente cambiar un régimen que altera completamente las reglas internacionales». ¿Se refiere a Trump y sus constantes atropellos al derecho global? Por supuesto que no; su objetivo es Irán.
Resulta una ironía macabra que quien dinamitó la legalidad para hundirnos en la guerra de Irak y el caos del ISIS pretenda hoy dar lecciones de derecho. Aznar es el único miembro del Trío de las Azores que sigue atrincherado en su soberbia, incapaz de pedir perdón, prefiere cerrar la efeméride alimentando delirios conspiranoicos junto a Mayor Oreja. Su desprecio por la verdad y por el marco jurídico que juró defender es una afrenta permanente. Quien sacrificó la seguridad y la ley por intereses espurios no merece respeto, sino un juicio moral implacable. Sin asunción de responsabilidad ni vergüenza, su legado permanece sentenciado por la ilegalidad y la traición a la memoria de las víctimas.

martes, 10 de marzo de 2026

Europa: el derecho o el abismo

 

¿Qué está proponiendo Ursula Von der Leyen?
¿Qué está proponiendo Ursula Von der Leyen?

La postura de Ursula von der Leyen no es realismo político; es un acta de sumisión. Afirmar que Europa debe dejar de ser la guardiana del orden internacional porque este se desmorona es una cobardía histórica. En la hora más oscura, la respuesta no es apagar el faro, sino avivar su luz.
El desprecio por las normas que exhiben figuras como Trump, Putin, Netanyahu o Milei no es una “nueva normalidad” a la que adaptarse, sino una patología que combatir. Estos fascistas pretenden sustituir la justicia por el músculo, condenando al planeta a un estado de colisión perpetua. Si Europa renuncia a sus valores bajo el pretexto del pragmatismo, no estará sobreviviendo: estará cavando su propia fosa.
Nuestra identidad se forjó sobre las cenizas de los hornos crematorios y el hedor de las trincheras. Olvidar que el derecho común es el único dique contra el canibalismo entre naciones es un suicidio moral. La adaptación que nos propone es una rendición ante la fuerza bruta. Europa no tiene derecho a capitular. Porque cuando las reglas mueren, lo que emerge no es un orden nuevo, sino el grito de guerra de los tiranos y el silencio de los cementerios. Abdicar de la ley es invitar a la barbarie.

domingo, 8 de marzo de 2026

Sempiterno engaño

 

¡Basta ya de guerras imperialistas!
¡Basta ya de guerras imperialistas!

Hay tradiciones que no se pierden, como el turrón en Navidad, que las pensiones no se sostienen o el anuncio de que Irán tendrá la bomba atómica el próximo martes. Es el “mañana empiezo” de la geopolítica: una promesa eterna que sirve para justificar el noble arte de la guerra imperialista preventiva “porque me da la gana”.
El calendario es revelador. En 1984, el Senado de EE. UU. calculó 7 años. En 1992, Netanyahu rebajó la espera a 3. En 1995, la CIA situó la debacle nuclear en el año 2000. Llegó, se temió por los ordenadores… pero la bomba iraní tampoco apareció. Lejos de rendirse, en 2012 Netanyahu acudió a la ONU con un dibujo de bomba digno del Correcaminos –no es broma– y aseguró que 2013 sería el apocalipsis. Han pasado más de diez años y el “punto” sigue desplazándose con admirable disciplina. Ahora han atacado a Irán y la bomba no aparece.
El libreto resulta familiar. En 2003, el “Trío de las Azores” nos vendió armas de destrucción masiva en Irak con la misma convicción con la que un trilero señala la bolita. No aparecieron jamás, pero el mundo quedó hecho unos zorros. El guion es tan previsible que aburre, pero mientras el público siga comprando palomitas, los imperialistas de turno seguirán efectuando guerras preventivas basadas en pruebas que nunca llegan a materializarse; aunque las víctimas inocentes de sus guerras, sí.

jueves, 5 de marzo de 2026

Soberanía no es servilismo

 

Hastiado de patriotas de pandereta
Hastiado de patriotas de pandereta

Defender el derecho internacional y los principios de la UE no son opciones negociables; es un deber. Claudicar por miedo tampoco es opción. Si Trump amenaza a España y sostiene que «puede usar las bases si quiere, que podría simplemente volar y usarlas. Nadie nos va a decir que no las usemos», la respuesta no puede ser la sumisión. Plantar cara tiene costes; pero ceder aún más: la inestabilidad y la dependencia disparan los precios y, además, se pierde la dignidad. España no es el patio trasero de nadie.
Ante las amenazas, PP y Vox vuelven a alinearse con el poderoso cuando quieren tratar a España como peón estratégico. Mucho símbolo y mucha bandera; poca defensa efectiva de la legalidad internacional y de la autonomía nacional. El patriotismo no es obediencia selectiva ni cálculo partidista. Es coherencia cuando hay presión.
Los derechos humanos y la Carta de la ONU no son sugerencias opcionales que se puedan ignorar por miedo o conveniencia. Son los cimientos que nos definen como democracia y como proyecto europeo. Renunciar a ellos ante la primera amenaza no es pragmatismo, es una traición a nuestros valores fundamentales.
Decir ¡No a la guerra! y ¡sí a los derechos humanos y al derecho internacional!, no es ingenuidad. Es la única base sólida para una convivencia justa. Lo contrario no es realismo: es rendición.

miércoles, 4 de marzo de 2026

Legalidad o barbarie

 

Trump nos lleva al desastre mientras Feijóo le lame las botas
Trump nos lleva al desastre mientras Feijóo le lame las botas

El carácter execrable del régimen iraní no puede servir de coartada para dinamitar el orden global. Tras el horror de la Segunda Guerra Mundial, las naciones se dotaron de un sistema basado en la Carta de la ONU para impedir que el planeta regresara a la ley del más fuerte. Hoy, sin embargo, asistimos a la quiebra del derecho internacional que amenaza con devolvernos al caos.
No es una cuestión ideológica, sino jurídica. Si España se reclama Estado de derecho, su única opción es la coherencia con los tratados que firma. Por eso estoy orgulloso de la postura española con el respeto al derecho internacional. En este escenario, resulta políticamente grave que Feijóo alinee su discurso con el de Trump y Netanyahu, cuya estrategia pasa por debilitar los consensos jurídicos internacionales. Que Estados Unidos e Israel nos denuesten por defender la legalidad no debería inquietarnos, sino confirmarnos que estamos en el camino correcto.
Europa no puede ser un espectador mudo. Necesita una voz propia y firme que exija el cumplimiento estricto de los tratados. El orden internacional se defiende con normas, no con excepciones; lo contrario no es diplomacia, es claudicación ante la fuerza.

miércoles, 11 de febrero de 2026

Calles de Minneapolis

Donald J. Trump, un auténtico fascista
Donald J. Trump, un auténtico fascista

 «Al volver de la escuela, los niños ya no encuentran a sus padres».
«No respetan a nadie: ancianos, niños, bebés, mujeres embarazadas, enfermos».
«A las familias las separan sin clemencia».
Lo que se observa hoy en barrios y calles de Minneapolis –y en muchas ciudades de EE. UU.–, confirman estas palabras: detenciones arbitrarias, miedo, silencio, angustia. Una violencia ejercida sin miradas, sin explicaciones. Todo está diseñado para destruir vínculos y sembrar el terror.
El despótico Donald Trump ha normalizado y alentado esta lógica deshumanizadora en la que los agentes del ICE siguen el patrón fascista: la elección de un orden jerárquico que ignora el sufrimiento humano y asfixia la compasión. Su identidad depende de la gloria del grupo y de la obediencia ciega. Quien no es aliado es una amenaza. La diversidad les genera ansiedad, el disenso les parece inmoral. Repiten consignas como “nos invaden” o “destruyen nuestra cultura”. Y, de este modo, la violencia se consagra como necesaria y justa, mientras el otro se desdibuja hasta perder su condición de persona para quedar reducido a un peligro.
Solo debo aclarar que el testimonio que da pie a este escrito no se gestó en Minneapolis en 2026; su verdadero eco retumbó en una espectral Ámsterdam sometida al terror nazi en 1943. Fue plasmado en su diario por una lúcida y vitalista niña de 14 años llamada Ana Frank.
Ahora el diario no es de papel, es el asfalto de Minnesota; la tinta ya no es negra, es el terror que recorre el Misisipi. Cambian los nombres y los uniformes, pero el horror es el mismo: el fascismo permanece intacto.

domingo, 25 de enero de 2026

Bajo la bota: la Gestapo de Trump

 

Un fascista (Donald J. Trump) incendia el mundo
Un fascista (Donald J. Trump) incendia el mundo

Tras el disfraz de la legalidad migratoria, la administración de Donald Trump liberó una fuerza represiva que remite a los capítulos más siniestros del fascismo europeo del siglo XX. El ICE dejó de ser una agencia administrativa para mutar en una policía política: una Gestapo contemporánea que gobierna a través del miedo y la deshumanización.
Como en los regímenes fascistas del siglo pasado, el terror es el método. Agentes irrumpen en hogares sin órdenes judiciales, profanando el espacio íntimo para arrancar padres de los brazos de sus hijos. La vileza alcanza su cima cuando se utilizan menores como cebo: niños de cuatro años, aterrados, obligados a llamar a sus padres para tenderles una trampa. Otros lloran en las aulas porque sus compañeros los señalan como “ilegales”. No es aplicación de la ley: es crueldad institucionalizada.
Esta cacería humana no se detiene ante el dolor. La estela de la política trumpista está manchada de sangre: heridos en redadas violentas y asesinatos a sangre fría que quedan impunes tras la retórica del odio. No son “excesos”; son consecuencias previsibles de una política que deshumaniza a seres humanos y crímenes de Estado contra personas cuyo único delito es buscar un futuro mejor. Cuando se permite que el ICE actúe como una policía política por encima de los derechos humanos, se firma la sentencia de muerte de la democracia.
El fascismo no avisa: llega con uniforme, separa familias y asesina la compasión en nombre de una frontera.  El silencio nos hace cómplices.

domingo, 18 de enero de 2026

El Premio Nobel

 

Patético Donal J. Trump
Patético Donal J. Trump

La decisión de María Corina Machado de regalar su Premio Nobel de la Paz a Donald Trump no es solo una bochornosa realidad, es un gesto patético que, por sí solo, evidencia hasta qué punto el galardón ha sido vaciado de sentido y convertido en un instrumento político más. Pero el escándalo no termina en quienes protagonizan el acto; alcanza de lleno a la Fundación Nobel y, especialmente, al Comité Noruego del Nobel que ha demostrado una irresponsable laxitud en la custodia de uno de los premios más prestigiosos del mundo.
Este episodio no surge de la nada. El Nobel de la Paz lleva años acumulando decisiones incomprensibles que han erosionado su autoridad moral. La concesión del premio a figuras cuya trayectoria contradice los valores de paz, diálogo y derechos humanos revela hasta qué punto el dinero de los grupos de presión, intereses geopolíticos y cálculos estratégicos han sustituido a los principios que Alfred Nobel quiso consagrar: la paz, la justicia y, aunque no los mencionó explícitamente pues falleció mucho antes de su proclamación, la defensa incuestionable de los derechos humanos.
Que ahora el galardón sea utilizado como moneda simbólica para legitimar a un personaje como Trump debería servir de escarmiento definitivo. La Fundación no puede dar el Nobel al que presione más ni seguir amparándose en tecnicismos y excusas diplomáticas. Ha fallado, y de forma grave. Si quiere recuperar algo de credibilidad y decencia, deberá hacer una profunda autocrítica y volver a los fundamentos que dieron sentido al Nobel. De lo contrario, el premio corre el riesgo de convertirse en una caricatura de sí mismo, irrelevante y desacreditada.

viernes, 16 de enero de 2026

Año 2027

 

El ególatra y psicópata Donal J. Trump se pasa el derecho internacional por el forro
El ególatra y psicópata Donal J. Trump se pasa el derecho internacional por el forro

Groenlandia llevaba meses siendo el estado 51 de la Unión. Europa reaccionó como dicta su manual de crisis: comunicados “contundentes”, cejas fruncidas y una sanción económica tan devastadora que Trump la colgó en Mar-a-Lago entre el Nobel de la Paz que le regaló María Corina Machado y el título honorífico de “Visionario Global” que él mismo se concedió.
La derecha patria, siempre dispuesta a confundir sumisión con realismo político, volvió a explicar en tertulias que Donald J. Trump no era un vendedor de gorras con botón nuclear, sino un genio estratégico al que había que saber entender. Se pusieron corbatas rojas largas, no por estética, sino para taparse la vergüenza hasta el esternón.
Trump, que nunca se distrae con lo irrelevante, ya tenía en mente otro objetivo. Le pusieron un mapa delante y le señalaron dónde cae Andalucía. Tardó unos segundos en pronunciarlo, pero no en decidirlo. Sacó un grueso rotulador dorado y la rodeó como quien marca una pieza en una subasta.
—Controlar el Estrecho.
La derecha patria, experta en detectar traiciones solo cuando gobiernan otros, no habló de invasión. Habló de salvación, “¡viene a salvarnos del pérfido Sánchez”!. De orden. De inversión extranjera, ¡fuera Ley de Costas!. Descubrió, de pronto, que la soberanía es negociable cuando el invasor promete bajar impuestos.
—El Estrecho es muy estrecho —explicó un diputado con la piel naranja de tanto autobronceador identitario—. Trump lo hará “great again”. Más ancho. Más rentable.
Aplaudieron. Algunos incluso agitaron banderitas, convencidos de que perder territorio es un precio asumible por no perder el relato.
Moraleja: cuando ves a los patriotas aplaudir mientras algunos se reparten el mundo, no es que el derecho internacional esté en peligro. Es que ya lo han vendido.

domingo, 11 de enero de 2026

Un psicópata se autoproclama “rey del mundo”

 

Con el pirado de Donald Trump la mecha se ha prendido
Con el pirado de Donald Trump la mecha se ha prendido

Donald Trump no es una excentricidad política ni un simple error democrático, es una amenaza sistémica. La psicología política lo ha descrito como narcisista maligno, manipulador sin escrúpulos y carente de empatía, pero incluso ese diagnóstico resulta insuficiente frente al daño real que encarna. Su irrupción ha degenerado la democracia estadounidense hasta convertirla en una caricatura autoritaria, gobernada por el berrinche, la mentira y la pulsión de dominio.
Resulta obsceno que el futuro del planeta, el equilibrio económico global y el mayor arsenal nuclear del mundo queden a merced de un individuo emocionalmente inestable, obsesionado consigo mismo y ajeno a cualquier noción de bien común. Bajo su liderazgo, EEUU ha normalizado el odio, la xenofobia y un autoritarismo grotesco que, lejos de ser ridículo, es profundamente destructivo.
Trump no es solo amoral, es un peligro existencial. Ha inoculado el virus del fascismo en las instituciones, ha convertido la ignorancia en bandera, la tranquilidad en miedo y el insulto en método de gobierno. Su ley, la del más fuerte, tiene una hoja de ruta clara: dominar el continente americano expulsando a Rusia y China para enriquecerse y finiquitar la UE. Y, como no estamos ante un bufón inofensivo sino ante un pirómano con acceso al botón nuclear, Europa debería erigir su propia industria de defensa.
El “reinado” de este psicópata no es una anomalía pasajera, sino el síntoma de una civilización que, al encumbrar a un ser tan vil, ha comenzado a devorarse a sí misma sin remedio.

martes, 6 de enero de 2026

¿Qué otra cosa podíamos esperar?

 

Con tarados como Donald Trump el mundo vuelve a los tiempos de Atila
Con tarados como Donald Trump el mundo vuelve a los tiempos de Atila

Tras la voladura del orden internacional y del derecho soberano de las naciones, ahora se invade Venezuela, con asesinato de civiles y militares y el secuestro del presidente y su esposa incluidos. Pero los descolocados patriotas de PP y Vox, ¡cómo no!, sostienen que el Gobierno de España está en el «lado incorrecto» por condenar la violación del derecho internacional, al tiempo que alaban el uso de la fuerza por parte de Donald Trump. Este doble rasero es perverso y peligroso.
Venezuela celebró unas elecciones controvertidas, con probable fraude al no presentar las actas, lo que no justifica en ningún caso la invasión. La crítica constructiva, las exigencias políticas claras y la denuncia de los abusos internos son pasos imprescindibles, pero recurrir a la invasión de un Estado soberano representa un salto cualitativo hacia el caos global –China y Rusia están eufóricas–, un paso que no puede ser justificado en ninguna circunstancia. Lo que se presenta como defensa de la democracia, es en realidad un saqueo programado de recursos y soberanía.
La historia enseña que cuando el orden internacional se debilita y las naciones se ven abandonadas a la ley de la jungla, surgen conflictos destructivos, con terribles consecuencias para todos. ¿Qué país será el siguiente? La Segunda Guerra Mundial o las intervenciones militares más recientes nos recuerdan la importancia de la diplomacia y del respeto al derecho internacional. Sin un orden mundial fundamentado en principios de justicia, solidaridad y paz, el mundo está condenado a vivir bajo el constante riesgo de otro conflicto global. El hecho de que la derecha apoye abiertamente estas prácticas desleales y agresivas es una prueba de su falta de compromiso con la paz y el bienestar global. Es una postura cobarde, mezquina y peligrosa, porque ser demócrata también implica el respeto al derecho internacional.
¡Qué le vamos a hacer! No dan para más.