Manifestante antitaurina |
La tauromaquia tiene que acabarse. Y, más temprano que tarde, se abolirá. ¿Por qué dilatar el maltrato animal y el tormento en el tiempo? ¿Por qué no se actúa con valentía y se proscribe ya? Seguro que quien dé ese paso justo será recordado y, al poco tiempo, esa prohibición se verá con total naturalidad, con la misma que hoy se ve la ley antitabaco, el carnet por puntos o el matrimonio homosexual. Zapatero, en su día, se atrevió a modificar costumbres que parecían consagradas y estas reformas gozan actualmente de total reconocimiento. Es más, hoy nos parece inverosímil que, en un pasado reciente, se pudiera fumar en locales atestados de gente, que quien tuviese dinero pudiera infringir cuanto quisiera el código de circulación y sólo pagar la correspondiente multa, o que los homosexuales no gozaran de los mismos derechos que los demás. Si alguien tiene la valentía de prohibir los toros, dentro de muy poco no podremos creer que algún día se permitió la cruel tortura de un animal para divertimento de la gente.
¡Ay, Carmena! ¡La que estás liando!
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Por otro lado y después de muchos meses de muertes de inocentes, dejación y dudas, se ha consumado lo que muchos europeos contemporáneos jamás pensamos ver: la incapacidad de dar respuesta a una grave crisis de refugiados que huyen, al igual que nosotros en el pasado, de los horrores bélicos, políticos, económicos…El indecente pacto que ha acordado la política europea para expulsar a Turquía a los refugiados que llegan a Grecia, es una burla colosal que incumple los principios de derecho internacional por quebrantar las garantías de protección, que Europa tiene obligación de cumplir, como son la Convención de Ginebra y el Estatuto de los Refugiados, porque así lo manifiesta en su artículo 18 la Carta Europea. Todo lo demás es pura patraña. Los europeos decentes nos hallamos sumidos en la consternación, la indignación, el dolor y el sonrojo. Incluso varias ONG como Médicos Sin Fronteras o ACNUR, han suspendido todas sus actividades en el centro de registro de refugiados por entender que se ha convertido en un ignominioso centro de detención.
Con esta firma Europa olvida sus raíces cristianas. ¿Cómo entenderemos, a partir de este indecente acuerdo, el concepto de ciudadanía europea? ¿Qué valores nos sustentarán? ¿Estará prohibido ser hospitalario en Europa? A pesar de esta obscena traición a nuestros principios solidarios, nada frenará el flujo si el horror persiste. Seguirán intentándolo una y otra vez.
Dos certezas se instalan en mi conciencia para defender a los refugiados: Nadie deja atrás sus raíces, su familia, sus amigos, su país, sus seres queridos, la tierra que le vio nacer, porque sí. Usted que me lee en este preciso momento, y yo, haríamos lo mismo en idénticas circunstancias: buscar lo mejor para nuestras familias.
Parafraseando a Groucho Marx: “Europa, partiendo de la nada, ha logrado alcanzar la más altas cumbres de la miseria humana con su único esfuerzo” y el compromiso que mantiene con los derechos humanos es puro delirio.
Me niego a aceptar este despropósito. ¡Qué descomunal deshonra para esta decrépita, acomodada e hipócrita Europa!
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