miércoles, 18 de marzo de 2026

Silencio atronador de los airados

 

Qué cómodo es no pensar
Qué cómodo es no pensar

¿Dónde están ahora? ¿Dónde se han metido quienes hace poco tiempo se rasgaban las vestiduras, clamaban al cielo y escupían indignación ante la mera idea de pedir perdón a México por la conquista? Aquellos que ridiculizaban cualquier gesto de autocrítica hoy guardan un silencio tan espeso como revelador, ahora que el propio rey Felipe VI reconoció lo evidente: que hubo abusos, hubo excesos y hubo una sombra ética imposible de negar. Y, de repente, los valientes de tribuna desaparecen.
No era una cuestión de orgullo nacional, como nos quisieron vender, sino de negacionismo cómodo; ese que se parapeta en una historia edulcorada para no incomodarse, para no pensar, para no asumir que su concepto de patria también se cimenta sobre la barbarie. Y ahora, ante palabras oficiales que dinamitan su relato, optan por callar. Ni rectificación, ni reflexión, ni un mínimo gesto de coherencia.
Ese silencio no es prudencia: es el colapso de su cobardía. Reconocer errores no debilita a un país, lo dignifica; lo que lo degrada es la soberbia de quienes solo saben gritar cuando se niegan a escuchar.

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