miércoles, 30 de septiembre de 2026

La derecha del dinero y la izquierda fragmentada

 

No vote a la derecha del dinero
No vote a la derecha del dinero

El gran problema de la izquierda no es la falta de ideales, sino el camino para alcanzarlos. Cada corriente cree poseer la mejor estrategia, el método más coherente, la hoja de ruta definitiva hacia la justicia social. Esa pluralidad, que es riqueza democrática, por desgracia se convierte en división, debate identitario eterno y parálisis. Mientras tanto la derecha, que solo tiene el principio rector del dinero y como una única meta protegerlo y multiplicarlo, no se pierde en discusiones filosóficas. No hay matices éticos cuando se trata de preservar sus privilegios. Y si para lograrlo debe recortar servicios públicos, precarizar el empleo, privatizar derechos básicos y organizar golpes de Estado, lo hace. La falta de empatía no es un defecto de su programa, es el programa mismo. Gobernar para los ricos implica asumir que la desigualdad es deseable. Según datos de Oxfam Intermón, el 1% más rico de la población mundial acaparó casi dos terceras partes de la nueva riqueza generada desde 2020. Esto no es un accidente, es el éxito de una elección política.
La derecha actúa con disciplina porque su ideología es simple y brutal: el mercado manda, y quien no puede pagar, sobra. Frente a esa frialdad calculada, la izquierda discute. Y mientras discute, los ricos siguen ganando.

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