![]() |
| Los fascistas cada vez más cerca |
El estremecedor 43,8 % de los votos obtenido por Alternativa por Alemania en Sajonia-Anhalt ya no es un síntoma local, sino una advertencia global. La Alemania actual no es la República de Weimar, pero ignorar los paralelismos sería una irresponsabilidad histórica.
Como en la década de 1930, el extremismo actual capitaliza el miedo a la inmigración, la frustración económica y el rechazo a las élites mediante un nacionalismo excluyente. Hitler no destruyó la democracia desde fuera: se sirvió de sus propios mecanismos y libertades, en una sociedad profundamente dividida, para desmantelarla desde dentro.
Este auge no implica que el nazismo regrese de forma idéntica, sino algo aún más inquietante: el fascismo, la idea que Europa creyó haber desterrado, vuelve a encontrar un respaldo masivo en el corazón del continente. La historia no se repite, pero rima. Cuando el radicalismo se consolida como una mayoría potencial, la complacencia es complicidad. Mirar hacia otro lado ante la erosión democrática equivale a aceptar el regreso de las tragedias que creíamos superadas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario