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| Delirios y charlotadas: Ayuso y MÁR campeones del mundo |
La intrépida Ayuso fue a México en misión de torpedera suicida: pontificar sobre Hernán Cortés ante los descendientes de sus tropelías, dinamitar puentes internacionales y colgarse medallitas de hojalata financiadas por el contribuyente madrileño. La misma diplomacia que la de una despedida de soltero en un convento. Y, eso sí, el trasfondo era noble: ejercer de comercial de lujo para Nacho Cano, el gurú de una Hispanidad de purpurina, tablao y mamandurria.
Y como su viaje hacía aguas, hubo que idear un esperpento: Ayuso imaginó una delirante persecución digna de culebrón de sobremesa y denunció un «boicot» –representando el papel de influencer acosada– mientras volvía a sentenciar que México es un narcoestado «muy peligroso». ¿Y qué hace una mártir de la libertad ante el peligro extremo? ¿Huir? ¡Qué va! Se condenó a cuatro días de exilio forzoso en una tumbona del Caribe. No hay grito de auxilio más desgarrador que el de alguien pidiendo otra margarita mientras el sol de la Riviera Maya broncea su indignación. Un auténtico espectáculo de humor negro donde el “todo incluido” no se perdona. Sobrevivir al horror nunca fue tan refrescante ni dejó un moreno tan uniforme.

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