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| No se puede ser más inútil para un país |
Europa observa a Feijóo entre el estupor y el desdén. No es solo su incapacidad para balbucear inglés porque no quiere; es su papel de correveidile tóxico que viaja a Bruselas con el único fin de boicotear a su propio país. Resulta infame que alguien que se autoproclama «hombre de Estado» actúe como un lobista contra los intereses de España, saboteando fondos vitales para familias y empresas mientras niega, con tic autoritario, la legitimidad de un Gobierno democrático. Es una deslealtad sin parangón en la UE.
Su obsesión contra Sánchez ha mutado en patología. Esa insolvencia moral le empuja a embarrar y sembrar sospechas allá donde España brilla. Es el heredero del cinismo de Montoro: «Que caiga España, que ya la levantaremos nosotros». No hace oposición: perpetra un sabotaje envuelto en la bandera. Este patriotismo de hojalata, que denigra nuestra imagen por puro rencor electoral, es la forma más baja de antipolítica. Ya basta de salvapatrias: Feijóo no es la alternativa, es el lastre.

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